La Guaira y el dolor traducidos al bordado de Siul Rasse
El barro alcanzó hasta el último rincón de su hogar en 1999. Siul Rasse y su familia quedaron sin casa durante el deslave de Vargas. Cuando la familia pudo volver a intentar rescatar algo, Siul vio sus muñecas afuera, como ella: sin techo. Tenía apenas once años.
Pasaron un tiempo en un refugio improvisado en el mismo liceo donde estudiaba. Les tocó dormir en el salón de biología durante un par de semanas, hasta que se mudaron temporalmente con unos tíos. En ese tiempo, sus padres se empeñaron en recuperar la vivienda, sacando el lodo con palas, de a poco. Fue necesario reemplazar todos los muebles. Entre los pocos objetos recuperados, figuraba un álbum familiar con fotos de cumpleaños, bautizos, idas a la playa y de la cotidianidad en general. El lodo palpó manchas en todas las imágenes.
Siul Rasse (1988), artista del bordado , tenía 32 años cuando regresó a ese álbum. Ya había egresado de la Escuela Armando Reveron, ya tenía algo de trayectoria local como pintora abstracta, ya tenía una identidad definida. Pero atravesaba un proceso interno que la llevó a indagar en su historia personal.
Por eso, con guantes y tapabocas, porque están cubiertas por polvo que pudiera contener bacterias, Siul empezó a replicar el contenido de las imágenes en dibujos; también las escaneó y finalmente surgió el proceso de bordar las escenas que contenían. Así nació su trabajo actual.
Con el tiempo, ese trabajo se extendió a La Guaira. Fue ocupándose de traducir de la fotografía al bordado imágenes que consiguió de aquella ciudad antes y durante la tragedia de 1999.
En buena medida, reconoce, todo parte de haber iniciado un proceso interno a raíz de un cambio estético: decidió cortarse su cabello liso y permitirse a sí misma ser de pelo rizado. A los 12 años su madre le enseñó que el “pelo chicharrón” debía ser corregido. Siul, ya adulta, entendió que no había nada que arreglar y pudo centrar la mirada en su ser y en su entorno.
El 24 de junio, el día del terremoto , Siul se encontraba bordando en el pequeño taller de su casa. Sonó la alarma del teléfono. Ella, su hermana, el cuñado y el sobrino se esforzaron por salir juntos.
A Siul le costaba mantener el equilibrio: “Parecía que el suelo se iba a abrir”. Cuando llegaron a la calle, no vieron edificios colapsados. En la zona donde viven, en Maiquetía, no hubo destrucción. Les toco, sí, cerrar bombonas de gas, caminar montaña arriba por la falsa alarma de tsunami, la desesperación por llamar a los familiares y amigos
Al día siguiente, cuando toda la familia se reunió -tiene varios hermanos-, supo de la desaparición de una prima, una sobrina y una sobrina nieta de 10 años. Fue cuestión de días para que los rescatistas encontraran los tres cuerpos sin vida. La familia también sufrió otra pérdida: el departamento de una de sus hermanas . Y con el pasar de los días, fue enterándose de más y más muertes de amigos y conocidos. Recorrer el resto de la ciudad era como ver un paisaje apocalíptico. “Esto nos afectó psicológicamente. Cuesta mucho conciliar el sueño”.
Siul es de personalidad despreocupada. Habla de su dolor y de su búsqueda de aceptación manteniendo la compostura, sonriente.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en elestimulo.com — el contenido pertenece a El Estímulo.