Rongny Sotillo y el arte de salvar pintando
Si bien el trazo de un dibujo no reconstruye una pared agrietada, en el destierro de un campamento transitorio puede devolver la paz arrebatada por los violentos movimientos de la tierra. Tras el doblete sísmico que sacudió al país el pasado 24 de junio, la respuesta humana fraguó varias iniciativas. Entre la urgencia de alimentos y medicinas, emergió una labor de contención sutil y profunda: el arte como refugio emocional.
En ese frente se encuentra Rongny Sotillo, comunicador visual, editor, docente e historietista con tres décadas de trayectoria, quien lidera el Programa Amigos del Noveno Arte (PANA) en las jornadas de la Ruta de la Esperanza.
Para Sotillo, la memoria de las tragedias no es una abstracción teórica. Su propio recorrido vital lo conecta con ese destino que parece fatal. “Yo soy sobreviviente del deslave. En el 99 tuve la oportunidad de no estar en refugios, pero sí como activista en pro de la gente que había perdido todo” rememora el creador, quien en aquellos años era habitante de Caribe, en el Litoral Central.
48 horas después de los terremotos, el equipo de PANA activó su presencia en los puntos de acopio y refugios habilitados desde que dijeron presente en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda, en Caracas. Eso activó una coordinación estratégica con los organismos encargados para instalar estaciones de trabajo equipadas con mesas, hojas, pinceles y cuadernillos diseñados por el propio colectivo. El despliegue inicial permitió levantar un diagnóstico claro sobre el ecosistema emocional de las familias desplazadas. Allí descubrieron que los adultos, abrumados por la responsabilidad del colapso, requerían una atención tan urgente como la de los más pequeños en esos entornos ajenos a su cotidianidad.
“Determinar que el adulto necesita tanto como el niño mismo fue clave. Nos decían directamente: ‘¿Y quién nos atiende a nosotros?’. Y no se referían a darme agua o comida, sino en términos emocionales. Empezamos a hacer ejercicios de arteterapia para dejar que el subconsciente fluya en formas y luego generar un concepto artístico”, señala Sotillo sobre las jornadas sostenidas gracias a donaciones y alianzas con diversas organizaciones.
Los de PANA tienen claro que el ejercicio gráfico opera como una herramienta de abstracción capaz de aislar el entorno adverso. En medio de historias desgarradoras de pérdidas materiales y lutos recientes, la hoja en blanco permite construir un paréntesis donde la mente logra enfocar su atención, canalizando emociones que la palabra escrita o hablada muchas veces no alcanza a procesar.
“El arte te permite hacer de lado el ruido visual o sonoro. Se convierte en una gran burbuja protectora” refrenda Sotillo.
Uno de los momentos más reveladores de la experiencia ocurrió en el refugio del Hotel Ávila, en San Bernardino. En una estación de trabajo, un niño de diez años intentaba dibujar una rana, pero quedaba paralizado ante el papel.
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