Hablarles a los cuerpos para que salgan de los escombros: Un topo venezolano cuenta su experiencia en La Guaira
A la fuerza, muchas vidas quedaron bajo los escombros en los edificios de la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (Opppe) de playa Los Cocos, entre Caribe y Tanaguarena, en La Guaira.
Paradójicamente, otras personas han decidido poner su vida al servicio de sacar de esta sepultura forzada a las víctimas de los terremotos.
El dirigente político Jonathan Patti, por ejemplo, se formó en el escenario de la catástrofe con los topos mexicanos y hoy sigue trabajando en las Opppe.
Mientras no considere que ha terminado su misión en este lugar, no se marchará; tampoco se irán los voluntarios que lo acompañan.
Así lo reiteró Patti en la noche del pasado sábado 12 de septiembre, durante una conversación en el campamento que ha logrado organizar a un costado de los escombros, debajo de plásticos y con restos de muebles azotados por los sismos.
Los hechos lo llevaron a aprender lo que se necesita para ser topo: investigación, observación, olfato, humildad para seguir instrucciones. «Y las moscas.
Si son verdes, mejor», agrega.
No solo ha recuperado cadáveres, sino que sabe cómo orquestar un abordaje.
En las Opppe falta gente por sacar, y Patti explica cómo planea hacerlo: romper una columna y hacer una suerte de piscina para poder ingresar a la estructura colapsada.
El recurso humano mínimo, según sus estimaciones, es de dos personas con rotomartillo, tres picoteros y tres personas para la cadena de escombros.
Destruir es, tal vez, más difícil que construir.
Y cuando se apagan los reflectores, la mayor parte del voluntariado se retira y solo hay agua, la tarea es aún más difícil.
Ese es el momento del altruismo.
Algo que Patti ha constatado, y así lo certifica, es que los cuerpos se dejan mover si se les habla.
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