¡Linda justicia!
No hay un solo programa en las redes que explique de manera clara cuál es el proceso del juicio que se lleva en Estados Unidos contra el presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores en el tribunal de Nueva York.
Busque usted, no hay, o yo no lo he encontrado o el algoritmo no deja que se vean.
No estoy buscando propaganda, sino alguien que explique razonadamente cuáles son realmente los delitos, si los hay.
No hay cartel de los soles, pero hay narcoterrorismo y unos cargos de conspiración más graves que los delitos en sí y más sencillos de probar.
Incluyendo, recientemente, la acusación de conspiración para cometer torturas aberrantes, justo cuando se solicitaba casa por cárcel para Cilia.
Conocer las leyes no faculta para saber de justicia, porque los procedimientos de esta son extremadamente complicados, sobre todo cuando están movidos por intereses políticos.
De allí que debería haber quien explicara, porque en las redes estos compatriotas ya están condenados. ¿Cuántos presidentes de otras repúblicas han sido juzgados en otra nación que no sea la suya? En América, 5 latinoamericanos, todos juzgados en Estados Unidos, 2 en funciones, Noriega y Nicolás Maduro, secuestrados mediante acciones de guerra.
Apartando cualquier juicio moral, ¿alguien puede creer que un presidente venezolano tiene necesidad de ser narcotraficante para obtener una gran fortuna de manera ilegal? Como decía Gonzalo Barrios, “en Venezuela no hay razones para no robar”, para referirse a toda la impunidad de la corruptela de la democracia representativa.
Es tan increíble que el cartel de los soles se convirtió de un hecho a un dicho.
Una broma de la CIA.
La infoxicación de las redes está haciendo del proceso un juicio de Núremberg o la Saló de Pasolini.
La desinformación exagera las acusaciones de la fiscalía, incluyendo hasta torturas sexuales; es un linchamiento mediático.
Linda England y Sabrina Harman son unas niñas de pecho delante de Cilia. ¡No me jodas! El horror del tratamiento informático amenaza toda posibilidad de creencia en la dignidad humana y del poder como instrumento de redención.
La campaña desinformativa no está hecha para destruir moralmente al presidente Maduro y a Cilia Flores únicamente; su objetivo es acabar con la reputación de toda la dirigencia política, militar y policial.
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