Volver a caminar: la meta de Adrián, uno de los amputado tras terremotos en el país
(EFE).- Cuando Adrián Troncoso reaccionó, el polvo se había disipado y una leve luz le dejó ver que su pie derecho estaba atrapado bajo escombros.
Debía comprobar quiénes de las cinco personas en casa, entre ellas su hijo menor, estaban vivas aquel 24 de junio, el día del doble terremoto en Venezuela.
Llamó a su suegra y a su cuñada, pero no respondieron.
Las otras personas en casa eran el novio de la cuñada y la tía de su esposa.
No quiso llamar a su hijo, de 16 años, porque nadie había contestado. «No me salía aire de los pulmones para pronunciar el nombre de mi hijo.
No sé si fue un temor que me invadió por solamente pensar que no me podía responder», recuerda a EFE Adrián, de 47 años.
Ese día, había salido de su casa con la faja lumbar puesta que usaba para trabajar, rumbo a hacer unas reparaciones en la vivienda de su cuñada en La Guaira, el estado que se convertiría poco después en el más devastado por los terremotos.
EL TORNIQUETE Adrián comprobó que una pared le había caído encima y que uno de los tres pisos de la casa de su cuñada estaba sobre él, apenas sostenido. «Pensé en ese instante: ‘Si no salgo me voy a morir, y si muero a mi hijo no lo van a conseguir'», recuerda.
Entonces reunió fuerzas y gritó «¡Andrés!». «Aquí estoy.
Papá, sal de ahí», le pidió el hijo, quien había quedado bajo los escombros, cerca de cadáveres.
Adrián se haló la pierna, pero no pudo zafarse.
Intentó de nuevo y lo logró, pero escuchó un rasguido. «Ya el pie no lo tenía», recuerda.
Utilizó el filo de un bloque para cortar uno de los tirantes de su faja lumbar y hacerse un torniquete.
Luego agarró una tabla, se levantó y prometió volver.
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