Pensar Venezuela
Venezuela experimenta unos momentos muy raros.
Después de la hecatombe que el país ha vivido por casi tres décadas, el gobierno estadounidense encarceló en enero de 2026 a Nicolás Maduro, bajo la promesa de que la nación prosperaría debido a las negociaciones petroleras entre Washington y Caracas, las cuales, según el mismo Trump, traerían prosperidad a la población.
Pero ni lo uno ni lo otro.
El crudo fluye como nunca hacia Estados Unidos, estableciéndose mega acuerdos que garantizan el suministro del oro negro por 25 años, mientras que los venezolanos siguen viviendo las penurias de la inflación, apagones, inseguridad, detenciones arbitrarias y quizá, la humillación más grande: no se habla de elecciones libres y democráticas en el mediano plazo y sigue gobernando la misma cúpula roja que ha desangrado al país.
En este contexto, la sociedad civil debe pensar Venezuela, organizarse y exigir lo que hemos deseado durante años, unos comicios en los que la gente pueda participar en paz y se respeten todas las garantías.
Después de eso, más allá de la salida de un gobernante y de cualquier acuerdo petrolero, comenzar a imaginar una sociedad en la que el poder deje de ser el centro de la vida nacional y la dignidad de la gente vuelva a ser el principal objetivo de la política.
Para ello, hay que activar las reservas morales, académicos, medios de comunicación, iglesias, estudiantes, cultores, médicos, ingenieros y todo el que haga falta, para pensar la Venezuela post chavismo.
Pensar la Venezuela posterior al chavismo implica asumir que la reconstrucción no podrá reducirse a cambiar los nombres de quienes ocupan el poder.
Será necesario recuperar las escuelas, reconstruir los hospitales, dignificar el trabajo y ofrecerle a la generación futura oportunidades que durante años le fueron negadas, para evitar así el éxodo hacia otros países.
No habrá reconstrucción verdadera si los maestros continúan abandonando las aulas porque sus salarios no les permiten vivir; si los médicos deben emigrar para ejercer su profesión en condiciones dignas; si los hospitales carecen de equipos y medicamentos; o si millones de familias siguen dependiendo de la incertidumbre para resolver sus necesidades más elementales.
Venezuela necesitará recuperar sus servicios públicos, sus instituciones y, sobre todo, la confianza de sus ciudadanos.
El petróleo puede contribuir a financiar esa tarea, pero no puede convertirse nuevamente en el botín de las nuevas burguesías como ocurrió en el chavismo.
Sus beneficios deben traducirse en educación, salud, empleo, infraestructura y bienestar para la mayoría de la gente.
La reconstrucción también tendrá una dimensión humana.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.el-carabobeno.com — el contenido pertenece a El Carabobeño.