Marcos Hernández López: ¡Continuamos bajo un régimen autoritario!
Un régimen autoritario es un sistema de gobierno donde el poder se concentra en una sola persona o en un grupo pequeño, sin que los ciudadanos tengan control real ni garantías para cambiar a sus gobernantes.
Las ciencias políticas se deslizan en sus conclusiones: “El autoritarismo es la tendencia a concentrar el poder y abusar de la autoridad por parte de un líder o un grupo político, especialmente cuando asume el gobierno e inicia un régimen autoritario.
Este tipo de régimen está caracterizado por el ejercicio opresivo del poder y la limitación de las libertades políticas.
Un régimen autoritario generalmente, es considerado un modelo opuesto a la democracia pluripartidista, que tiene elecciones libres y libertad de prensa.
Consiste en un exceso de autoridad que exige la sumisión plena de la ciudadanía a las decisiones del poder ejecutivo, por lo que anula o limita la libertad de elección, acción y opinión.
Se diferencia del totalitarismo en que el autoritarismo generalmente no busca controlar todos los aspectos de la vida pública y privada, ni se rige por una ideología elaborada y omnipresente, sino más bien por una “mentalidad” peculiar del régimen.
Existen diversas características de los regímenes autoritarios: El pluralismo político limitado o restringido, puede haber partidos políticos u organizaciones, pero su capacidad para competir por el poder o desafiar al régimen es muy limitada o nula.
La verdadera oposición es reprimida o invalidada.
La concentración de poder, el poder se centra en una sola persona un líder carismático o dictador o en un grupo pequeño como una junta militar, una élite o un partido dominante.
El líder no es responsable ante el electorado o un Estado de derecho independiente.
La ausencia o debilitamiento de la ideología, a diferencia del totalitarismo, el autoritarismo a menudo carece de una ideología directriz y elaborada.
Se basa más en una mentalidad, la lealtad al líder, el mantenimiento del orden, el nacionalismo o los intereses de la élite gobernante.
La participación popular controlada, se desincentiva la participación política extensa e intensa de la población, excepto en momentos o temas específicos donde la movilización apoya al régimen.
La apatía política o despolitización de la ciudadanía puede ser funcional al sistema.
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