Entre la esperanza y la realidad, por Freddy Marcano
La conformación de una comisión y el inicio de conversaciones entre el Gobierno venezolano y un sector de la oposición han abierto una nueva ventana de expectativas en una sociedad que lleva demasiado tiempo esperando señales concretas de cambio.
El primer ciclo de conversaciones ya produjo acuerdos sobre la renovación del Tribunal Supremo de Justicia y la recuperación de activos venezolanos en el exterior y la posibilidad en cambio de la leyes correspondiente a procesos electorales, lo que constituye una señal políticamente relevante aunque todavía insuficiente para hablar de una transición consolidada.
El desafío, por tanto, consiste en interpretar este momento con serenidad: reconocer que existe una oportunidad sin convertirla prematuramente en una certeza.
Venezuela necesita aprender a distinguir entre el comienzo de un proceso y la conclusión de aquello que la sociedad espera.
La experiencia de los últimos años demuestra que las expectativas pueden convertirse en un factor político tan poderoso como los propios acontecimientos.
Cuando una población ha acumulado frustraciones, deterioro económico e incertidumbre institucional, cualquier señal de cambio adquiere una dimensión extraordinaria.
Una conversación puede convertirse en la antesala de una transición; un acuerdo parcial, en la promesa de una solución definitiva; y una decisión internacional, en la certeza de que el desenlace está próximo.
El problema aparece cuando la realidad no alcanza la velocidad que la expectativa había construido.
En ese momento, la esperanza puede transformarse rápidamente en decepción, y una sociedad que necesita recuperar la confianza puede terminar profundizando nuevamente su desconfianza.
Por eso resulta indispensable observar con realismo el proceso que se está desarrollando.
La participación de los Estados Unidos ha sido determinante en la arquitectura de estas conversaciones y distintos análisis describen una hoja de ruta dividida en estabilización, recuperación y transición.
Pero una eventual agenda internacional y nacional no puede sustituir la construcción de una legitimidad política venezolana.
Una transición sostenible necesita incorporar progresivamente a los distintos sectores que forman parte de la realidad nacional.
La ausencia de actores relevantes de la oposición —entre ellos el sector encabezado por María Corina Machado— constituye una limitación que no debería ser ignorada.
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