Hilda Monsalve, una maestra que encontró su propósito en la solidaridad y la escritura
En una calle silenciosa del barrio Los Caobos de Miguel Peña, al sur de Valencia, vive Hilda Monsalve.
Afuera de su casa, el calor aviva el letargo, pero la quietud es solo exterior.
Pasando el porchecito de la entrada, una radio siempre encendida acompaña las conversaciones de las visitas que recibe en un pasillo disfrazado de sala, acomodado con un par de sillas y un mueble de madera.
Por Lapatilla.com Desde allí, recuerda cómo se convirtió en testigo y guardiana de la memoria de la parroquia más grande de su ciudad, aquella que vio crecer, apagarse y resistir.
Hilda tiene casi 80 años, es docente, abogada, y luego de su jubilación, se entregó al activismo social y a las letras.
Junto a su familia, se mudó de Montalbán a Santa Rosa en 1959, cuando tenía apenas doce años.
Pronto se trasladaron al barrio José Regino Peña y después de casarse vivió 10 años en Naguanagua.
En 1990, se asentó definitivamente en Los Caobos, donde se ha convertido en una líder comunitaria que se ha ganado la estima y el respeto de los vecinos por levantar la voz contra las injusticias, luchar por los derechos de su comunidad e impulsar programas sociales.
La educadora, a diferencia de los políticos que siempre aspiran a una silla con poder, construyó su liderazgo desde el vacío y la carencia.
“Una ve muchas injusticias y una desea arreglarlo todo.
Cuando una ve que nadie se mueve, entonces, como por inercia, una lo hace.
A veces los líderes se hacen por la inacción de los demás; no porque se imponen, sino porque la necesidad los lleva a eso”.
El cementerio Hilda se levanta de la silla, ofrece café, y ante la negativa de sus invitados, vuelve a acomodarse en su asiento.
Después de ajustar los lentes de sol en su cabello plateado, repasa las épocas más oscuras durante sus 36 años en Los Caobos, que no fueron distintas a los de cualquier otro sector de Carabobo o de Venezuela.
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