Dos meses después, la tragedia sigue hablando, por Freddy Marcano
Este lunes se cumplen dos meses de la tragedia que golpeó con particular dureza al estado La Guaira y a sectores de Caracas.
Desde el primer momento, estando fuera de la zona afectada, la distancia impuso una limitación evidente: no era posible vivir de cerca el dolor, la incertidumbre y la dimensión de lo ocurrido.
Por eso, en lo personal, la decisión fue acompañar desde donde era posible: difundiendo información, ayudando a canalizar requerimientos y colaborando en la recolección de insumos para quienes lo habían perdido todo.
Pero también quedó pendiente algo que el tiempo permitiría hacer con mayor responsabilidad: bajar al sitio para observar directamente lo ocurrido y conversar con quienes han tenido que vivir estos dos meses en medio del desastre.
Y debo decirlo con absoluta honestidad: una cosa es conocer una tragedia por fotografías, videos o testimonios, y otra muy distinta es caminar por el lugar, mirar las huellas de destrucción y escuchar de propia voz a quienes todavía intentan reconstruir sus vidas.
La impresión que produce es difícil de explicar con palabras.
Lo ocurrido desbordó cualquier capacidad ordinaria de respuesta inmediata.
La magnitud del desastre, sumada al número de afectados, la pérdida de viviendas, las edificaciones comprometidas y, sobre todo, la existencia de familias esperando todavía respuestas, colocó al Estado frente a una emergencia que requería mucho más que voluntad política: requería planificación, equipos especializados, coordinación y capacidad institucional.
Pero al conversar con la gente, al escuchar lo que vivieron y lo que siguen viviendo, la situación adquiere otra dimensión.
Ya no son números ni estadísticas: son familias que recuerdan el momento en que lo perdieron todo, personas que todavía esperan recuperar a un ser querido y ciudadanos que intentan entender cómo comenzar nuevamente.
Hay dolores que solamente se comprenden cuando se miran a los ojos de quien los está viviendo.
Caminar hoy por las zonas afectadas permite comprender que recuperar las vías principales, retirar escombros o mejorar aquello que está a la vista no equivale a reconstruir.
En el lenguaje cotidiano podría decirse que limpiar la casa no significa haberla reconstruido.
Hay comunidades que todavía esperan soluciones, edificaciones que requieren intervención y familias que permanecen en condiciones precarias; algunas viviendo en carpas, utilizando baños portátiles y tratando de reorganizar una vida que se derrumbó en pocas horas.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lapatilla.com — el contenido pertenece a La Patilla.