‘La constelación del perro’ (★★★☆☆) es una tediosa distopía sin mucho que aportar al género
La constelación del perro es una distopía (y una especialmente deprimente), pero podría solo ser un western .
Eso, gracias a que buena parte de sus escenas transcurre entre paisajes interminables y una notoria sensación de desolación.
Todo, mientras sus personajes intentan sobrevivir como pueden a una tragedia apocalíptica que ocurre fuera de cámara y que arrasó con el mundo por completo.
Pero al contrario de la novela homónima de Peter Heller de 2012 en que se basa, el guion de Mark L.
Smith no logra encontrar un punto de equilibrio entre sus temas.
De modo que la primera hora de la película va de describir el mundo en que viven sus personajes a la nada absoluta.
De hecho, la constelación del perro carece de verdadero vigor o, en cualquier caso, de una premisa que pueda sostener la escala de su apartado visual.
El director Ridley Scott se esfuerza por mostrar este mundo devastado a través de una serie de instantáneas de considerable belleza.
Por lo que la película pierde tiempo e interés en dejar claras tres cosas básicas.
En primer lugar, que la epidemia de gripe que arrasó con casi toda la población en 2035 convirtió al mundo en un jardín desolado en decadencia.
Lo siguiente, que los sobrevivientes a la catástrofe están tan aislados como para vivir recluidos en un aislamiento perpetuo.
Que es precisamente lo que le ocurre a Hig ( Jacob Elordi ) y Bangley ( Josh Brolin ), compañeros improbables en medio de la devastación.
Tanto el uno como el otro no son los típicos héroes de las historias de supervivencia, impulsados por un instinto común de mantenerse con vida.
Antes que eso, hay una contemplativa, insípida y la mayoría deslucida asociación entre ambos, que deja claro que solo intentan que nada empeore a su alrededor.
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