Cuando estabilizar es desestabilizar
Algo está latente, se siente en todos lados, algo más sistémico, pero sobre lo que poco se analiza.
Es un mar de fondo que viene desarrollándose en Venezuela desde hace mucho y que podría hacer saltar todo por los aires, al invocar una palabra que pocos quieren escuchar, particularmente en Washington: desestabilización .
No se le está prestando atención a algo que ya acumula demasiado malestar: un agudo deterioro del humor social. Esa energía social y política, que lleva quizás mucho tiempo contenida, podría generar profundas repercusiones para esta nueva etapa política venezolana.
Luego de años con derrotas acumuladas, llegó el 28 de julio de 2024. Aquella epopeya —erróneamente llamada campaña—(1), liderada por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, movilizó a toda una sociedad sumida en una peculiar mezcla de esperanza y desesperación para reafirmar su voluntad democrática y, contra todo pronóstico oficial, produjo una extraordinaria liberación de energía cuyos resultados ya todos conocemos.
Esa aplastante victoria electoral fue pisoteada por un obsceno fraude y una masiva operación de terrorismo de Estado que sumió a la República en uno de los periodos más oscuros de nuestra historia contemporánea, con un trágico saldo de muerte, represión, exilio y migración. Los años 24 y 25 ahogaron ese grito de libertad proclamado en las urnas y mientras se hacía un pesado silencio. Un nuevo ciclo de acumulación de energía se inició. El 3 de enero, con la extracción de Maduro y su abrupta salida del poder, tras unos meses previos de tensión y articulación militar norteamericana, pudo haberse liberado. Pero no fue así.
Esa energía no se liberó a modo de júbilo. Hubo silencio y ninguna celebración pública. Muchos aguardaron pacientemente hasta la posterior alocución de Donald Trump en la que confirmó que ellos (los EE. UU.) “ahora estarían a cargo” y que el régimen, esta vez con Delcy Rodríguez como figura visible, seguiría. Se dio inicio así a lo que el mismo Marco Rubio denominó el periodo de la “ estabilización ”, con las subsiguientes fases de recuperación y transición sin un horizonte definido (2).
Sin embargo, la deposición de Maduro y la expectativa de que se abrieran finalmente las compuertas al tan ansiado cambio político y económico elevaron los niveles de esperanza a niveles estratosféricos: en febrero, según el estudio de ORC Consultores (3), el 81 % de los venezolanos aseguraron sentirse esperanzados con el futuro del país.
Después de varios meses, la efervescencia —y producto de los hechos o ausencia de los mismos— ha decaído. En otra encuesta de la misma firma realizada en junio (4) y previa a los terremotos, esa esperanza descendió a 65 %. Una cifra todavía alta, hay que decirlo, pero en descenso.
Otro dato que vale la pena sumar es el registrado por More Consulting (5) y preguntado de un modo distinto, pero igualmente interesante y pertinente a este análisis.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en runrun.es — el contenido pertenece a Runrun.es.