Ángel Montiel: El desmontaje de la dictadura perfecta
Bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro se gestó el modelo de hegemonía autoritaria más sofisticado de nuestro continente.
El régimen controló la economía, sometió todos los poderes públicos y asfixió metódicamente cualquier espacio de libertad.
En ese engranaje autoritario, nada escapaba de la vigilancia del eje chavista, madurista y rodriguista.
Durante años el aparato estatal funcionó como una maquinaria monolítica y destructiva.
A nivel interno, los jerarcas del poder dejaban abierta una rendija cosmética.
La usaban para hacer creer a la comunidad internacional que en Venezuela aún existía democracia.
Algunos dirigentes políticos, ciegos o complacientes, participaban gustosos de las migajas que el sistema les arrojaba desde la mesa del poder absoluto.
En el plano diplomático, el régimen manipuló sin escrúpulos.
Jugaron con el escenario internacional y le mintieron deliberadamente a la Santa Sede en los diálogos fallidos.
Su última jugada geopolítica les salió mal en los diálogos de Noruega.
La maniobra dilatoria quedó al descubierto ante los ojos del mundo civilizado.
Sin embargo, los imperios absolutos no son eternos, eterno solo es Dios.
Esa estructura de control férreo sufrió una fractura irreversible.
El detonante definitivo provino de la firme presión y la intervención sistemática de Estados Unidos.
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