Les pagan por hacer llover
Los agricultores que dieron dinero a David Nabutsilili para que invocara lluvia enfurecieron cuando cayó tanta agua que sus huertos terminaron inundados.
Lo persiguieron por las colinas y sólo se detuvieron cuando el hombre cayó sobre una roca y se fracturó el fémur.
Ese fue su castigo.
Dieciséis años después, el invocador de lluvia todavía siente dolor en la pierna.
Pero muchos de quienes lo persiguieron aún acuden a él habitualmente en busca de ayuda espiritual cuando necesitan que llueva —especialmente durante la temporada de siembra—, pero también cuando requieren que las precipitaciones cesen.
Si no logra cumplir con sus expectativas, debe huir de su hogar durante un tiempo por su propia seguridad, comentó Nabutsilili a The Associated Press durante una entrevista en su aldea, en el este de Uganda.
“La gente nos golpea porque a veces llueve demasiado o no hay lluvia”, puntualizó.
Desde hace mucho tiempo, los invocadores de lluvia africanos actúan como líderes espirituales en sus comunidades y realizan rituales para pedir a las deidades que traigan lluvia.
No obstante, sus éxitos percibidos pueden generar expectativas enormes entre las comunidades agrícolas en muchas partes del África subsahariana.
Ahora, son objeto de ataques más frecuentes por su supuesto fracaso al realizar su labor en medio de los trastornos del cambio climático.
En los casos más extremos, mueren a manos de turbas.
“Hemos estado con esta gente y sí a veces han realizado (rituales) y hemos tenido lluvia”, contó Joseph Weyusya, uno de los líderes de Inzu ya Masaaba, una institución tradicional del pueblo bagisu del este de Uganda.
“Cuando las lluvias se resisten, la gente se reúne en la aldea y empieza a buscarlos: ‘¿Por qué no tenemos lluvia?’”, agregó Weyusya.
“Y la mayoría de las veces han golpeado a dichas personas hasta dejarlas casi al borde de la muerte”.
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