Por qué es tan complicado demostrar si el ayuno intermitente es efectivo
Parece que cada pocos meses surge un nuevo debate sobre los beneficios del ayuno intermitente.
Esta dieta popular y versátil, que consiste en dejar de comer en determinados días de la semana o en restringir la ingesta de alimentos a franjas horarias específicas, se ha ganado la fama de favorecer la pérdida de peso en mayor medida que las dietas basadas en la simple restricción calórica.
Sin embargo, también se le atribuyen beneficios que van mucho más allá de la pérdida de peso, como la reducción del riesgo de cáncer y del deterioro cognitivo. No es de extrañar que este régimen haya alcanzado una gran popularidad.
No obstante, pruebas recientes han puesto en duda la solidez de estas afirmaciones. Dependiendo del estudio, el ayuno intermitente puede parecer más eficaz que otras dietas, o bien menos eficaz. Incluso hubo un estudio que sugirió que esta práctica podría ser perjudicial, al aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Los científicos no siempre coinciden en todos los datos y mucho menos los influencers , señala Krista Varady, profesora de nutrición en la Universidad de Illinois en Chicago (Estados Unidos).
¿Se ha exagerado entonces el potencial del ayuno intermitente? ¿O se trata de una dieta prometedora que podría alargarnos la vida? ¿Y por qué los resultados han sido tan contradictorios?
“No tenemos ni idea de lo que la gente come realmente”, afirma Varady. Y esto se aplica a muchas otras intervenciones dietéticas, si no a todas.
Según muchos investigadores, el mayor obstáculo para obtener datos más sólidos es también el más difícil de superar.
El ayuno intermitente pretende reflejar la forma en que evolucionaron nuestros antepasados para alimentarse.
“No evolucionamos en un entorno en el que hiciéramos tres comidas al día más dos refrigerios”, explica Mark Mattson, neurocientífico cuyas investigaciones en la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore (EE.UU.), fueron fundamentales para este campo de estudio.
El ayuno provoca que el metabolismo pase de quemar azúcar en primer lugar —un proceso conocido como glucólisis— a quemar la grasa que circula por la sangre. Este cambio metabólico altera el comportamiento celular.
Las células sanas comienzan a reciclar proteínas desgastadas o dañadas —un proceso denominado autofagia—, lo que tiene un efecto rejuvenecedor en las células.
En teoría, esto se traduce directamente en los beneficios para la salud que se le atribuyen. En un influyente artículo de revisión publicado en el New England Journal of Medicine , Mattson vinculó este cambio metabólico con una mayor longevidad y una menor incidencia de enfermedades, incluidas la diabetes y el cáncer.
Solo hay un problema: las pruebas más sólidas que respaldan esta atractiva teoría provienen de estudios realizados con ratones, moscas y gusanos. Para ellos, el ayuno intermitente fue una solución milagrosa.
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