Dolores
Uno nunca advierte la llegada inesperada del dolor, que trae a nuestras vidas, las más terribles despedidas, ausencias y adioses, dejándonos sumidos en una desolación inconsolable.
Cuando aquel hombre vio cerrarse para siempre los ojos de su amada, jamás tuvo sosiego y calma, en el calendario de su sufrida existencia; sino dolores de ausencias, clavados como alfileres en su alma de alientos desvanecidos, y pesares que atormentan, irremediablemente, a la vida inmersa en las amargas aguas de la desventura y la desdicha.
Muere la mujer de aquel amor que tuvo refugio y apasionada morada, en el cuerpo del abrazo que trasciende cualquier inmediatez y fugacidad, para volverse acompañante perpetuado e inseparable, como en aquel poema: Amor constante más allá de la muerte, del inolvidable Quevedo.
Y, entonces, ese hombre que asiste, pálido, desarticulado y notablemente debilitado; al viaje de su amada dormida hacia su última morada, no tuvo otro consuelo, sino el de las palabras escritas en los papeles sueltos y cuadernillos, desde los callados aposentos de sus solitarias escrituras.
Escrituras de versos y poemas, que se gestan o se hacen alma, desde un sentir expresado con palabras que no saben mentir, al ser dibujadas por una mano, que al escribir dice, lo que dice el corazón, cuando el pulso del dolor, tiembla.
Digo estas palabras para referirme al libro Dolores por el poeta español Federico Balart, publicada por “el Parnasillo” Simancas Ediciones, 2003.
Edición presentada en un formado no convencional de 10 x 6 cm.
Este poemario fue escrito y dado a conocer en 1894.
Contiene un prólogo escrito por Palmar Álvarez Blanco.
Forman parte de este libro 38 poemas escritos como consecuencia del trauma que la muerte de Dolores ocasiona en la vida del poeta.
Por nombrar solo algunos de los poemas que forman parte de este libro, leemos los siguientes: Preludio, Primer lamento, Soledad, Compañía, Exequias, Resignación, Luz y sombra, etc.
Comenta en el prólogo Palmar Álvarez, lo siguiente: Cansada de debatirse entre la duda y la fe, la voz poética decide como forma de supervivencia el camino de la resignación.
Ésta impregna la religiosidad de este poemario de tintes heterodoxos, ya que la resignación no es más que la manifestación del miedo que el sujeto experimente ante la posibilidad, quizás incierta, de la existencia de algún Dios juez y de un castigo eterno.
Y más adelante agrega Palmar Álvarez, al referirse a este poemario que, se trata de una elegía escrita en verso, de carácter autobiográfico, dirigida a una mujer, Dolores.
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