Democracia y desarrollo: exigir resultados, tender puentes, por Michelle Muschett
X: @Latinoamerica21 A las puertas de un nuevo Día Internacional de la Democracia, que se conmemora cada 15 de septiembre, América Latina y el Caribe se enfrenta a una paradoja: es la región en desarrollo más democrática del mundo, pero la más insatisfecha con el funcionamiento de sus instituciones.
Esta tensión apunta a algo fundamental: democracia y desarrollo están profundamente entrelazados y solo a través de un análisis desde el prisma de la democracia y el desarrollo regional, como fenómenos inseparables, es posible explorar cómo las complejas presiones de nuestro tiempo pueden convertirse en un impulso para un desarrollo humano pleno y resiliente.
Con independencia de las trayectorias de cada país, la capacidad de las personas para tener voz sobre las decisiones que afectan sus vidas, actuar colectivamente, fortalecer sus instituciones y renovar sus pactos sociales es uno de los principales motores del desarrollo humano.
La democracia importa precisamente porque crea las condiciones para ejercer esa capacidad: para que las sociedades puedan incidir sobre cómo son gobernadas y participar activamente en la construcción de su propio futuro.
Presiones que ponen a prueba a la región Ni la democracia ni el desarrollo son, por tanto, conquistas que se alcanzan una vez y para siempre.
Ambos son procesos en permanente construcción, susceptibles de avanzar o retroceder cualquiera que sea el nivel de progreso previamente alcanzado.
Ningún sistema institucional está permanentemente blindado, pero tampoco existen crisis definitivas.
Lo determinante es preservar la capacidad de las sociedades para incidir sobre su rumbo, adaptar sus instituciones y construir nuevas respuestas cuando las existentes dejan de responder a sus necesidades.
No hay país exento de las complejas presiones de nuestro tiempo.
La percepción de inseguridad, la expansión del crimen organizado, la desinformación y la crisis climática se entrelazan con las persistentes desigualdades, la vulnerabilidad a la pobreza y la alta informalidad.
Estas presiones no actúan de manera aislada: interactúan y se potencian entre sí, tensionando las trayectorias de desarrollo y democratización de la región.
Desafían tanto la capacidad de los Estados para responder como la de las sociedades para construir respuestas colectivas.
Un informe para reconstruir puentes Ante un panorama regional donde los matices parecen haberse desvanecido en el debate público y los antagonismos políticos amenazan con paralizar las agendas de progreso, desde el PNUD asumimos la responsabilidad de reactivar un debate indispensable para el futuro regional: el vínculo intrínseco entre democracia y desarrollo.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en talcualdigital.com — el contenido pertenece a TalCual.