Como se protege a un bebé dormido
Hay cosas que nada ni nadie -mucho menos un país destrozado como el nuestro- puede darse el lujo de perder.
Una de esas cosas es la capacidad de reconocer lo bueno.
Venezuela ha perdido tanto en estos últimos años —instituciones, empresas, patrimonio, talento, confianza, memoria— que resulta casi incomprensible que también haya quienes pretendan destruir aquello que, contra todos los pronósticos, ha conseguido sobrevivir y crecer.
Me refiero a nuestro Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Lo digo con conocimiento de causa y también con afecto.
Durante muchos años tuve el privilegio de ser amiga del Maestro José Antonio Abreu.
Fui testigo de su determinación, de su capacidad para imaginar lo que parecía imposible, de obviar las críticas intestinas y seguir adelante contra viento y marea, y, sobre todo, de su convicción de que un niño con un instrumento entre las manos podía tener por delante un destino diferente.
Por eso he defendido El Sistema durante décadas.
Lo hice cuando era fácil hacerlo y, sobre todo, cuando no lo era.
Y lo seguiré haciendo.
No porque crea que El Sistema sea perfecto.
No existe institución humana perfecta.
No porque piense que deba estar por encima de la crítica.
Todo lo contrario: cualquier institución que maneje recursos públicos o tenga una responsabilidad social tan grande debe estar sometida al escrutinio.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.el-carabobeno.com — el contenido pertenece a El Carabobeño.