Felo Jiménez: Instituciones y transición
Días atrás hablé sobre la imperiosa necesidad de que cualquier proceso electoral venezolano, producto de la mesa de diálogo, tiene que contemplar la renovación completa de todos los cargos de elección popular, sin excepción.
No es un deseo sin análisis previo.
Lo digo porque ganar solo Miraflores, sin reiniciar también quién o quiénes están en la AN, cada gobernación, cada alcaldía y cada asamblea legislativa estadal, puede resultar en exactamente lo mismo que tener un presidente sin capacidad real para gobernar.
Hoy te explico por qué.
Venezuela lleva 25 años viviendo una paradoja.
Tiene una Constitución que reconoce formalmente la autonomía de sus estados y municipios, con recursos garantizados, con competencias propias, con la posibilidad de que cada estado tenga su propia carta magna.
Pero en la práctica, un gobernador que no obedece a Caracas no tiene con qué gobernar.
Un alcalde que no se alinea con el centro no tiene con qué servirle a su municipio.
La autonomía existe en el papel.
El control existe en la realidad.
Eso no ocurrió por accidente.
El oficialismo entendió desde temprano que el poder local podía ser un contrapeso peligroso.
Y lo fue neutralizando con método.
Modificó la Ley Orgánica de Descentralización para recuperar atribuciones que ya habían sido transferidas a los estados.
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