¿Muchos comienzan a hartarse de las redes? ¿Realmente estamos dispuestos a reconectar con la vida real?
Les confieso que en los últimos días he estado reflexionando profundamente sobre una conversación que se repite en casi cada rincón que frecuento.
Se trata de esa sensación aplastante, incómoda y colectiva de estar «hartos de todo» lo que se ve o sucede en las redes sociales, al menos eso se escucha, pero será esa crítica una postura hipócrita o pudiera ser una verdad que está creciendo poco a poco.
De verdad, estamos en presencia de un cansancio generalizado hacia ese mundo paralelo en el que todos, de una u otra manera, habitamos a diario.
Yo siento que lo que comenzó como un espacio para conectar, informarnos y compartir, se ha ido transformando gradualmente en una pesada carga emocional que nos drena, nos satura y nos aleja de lo verdaderamente importante.
Estoy casi convencida que esta percepción de saturación no es una ligera apreciación personal ni una simple queja de paso; los expertos en las ciencias del comportamiento y la sociología contemporánea han bautizado este fenómeno como la «fatiga de las redes sociales» ( social media fatigue ), el burnout digital y el estado de languidecer.
Informes y análisis divulgados en publicaciones académicas y medios especializados, como los desarrollados en la plataforma Connecta B2B y el diario El País , confirman que estamos presenciando un movimiento contracorriente donde miles de usuarios alrededor del mundo participan en un éxodo silencioso.
Las personas están cerrando o abandonando temporalmente sus perfiles virtuales para proteger su paz interior y recuperar su salud mental.
El origen de este agotamiento es multicausal.
En primer lugar, nos enfrentamos a la sobrecarga informativa y al hábito involuntario del doomscrolling , esa inclinación impulsiva a consumir noticias trágicas o titulares alarmistas sin parar.
A esto se le suma un entorno digital profundamente polarizado y agresivo donde el debate constructivo ha sido sustituido por el juicio rápido e irresponsable.
Vivir expuestos a esa hostilidad permanente hace que interactuar en las plataformas se sienta como un «segundo trabajo» sin pausa.
Investigaciones respaldadas por la Fundación Instituto de Ingeniería (FII) y reportajes de la literatura médica contemporánea señalan que estar sometidos al estímulo constante de algoritmos diseñados para retener nuestra atención deteriora nuestra reserva emocional, convirtiéndonos en «fantasmas digitales»: personas físicamente presentes en sus hogares o trabajos, pero con la mente exhausta debido a la presión invisible de permanecer conectados.
Por otra parte, se observa una quiebra evidente en el modelo del «mundo perfecto».
Análisis publicados en medios como el diario ¡Qué! examinan el rechazo creciente de las audiencias hacia la vida idílica, filtrada y patrocinada de muchos creadores de contenido.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en caraotadigital.net — el contenido pertenece a Caraota Digital.