Es política, no obediencia
Por Alexis Alzuru Muchos de los acuerdos internacionales anunciados por el gobierno de Estados Unidos tienen más de publicidad que de realidad.
Y probablemente el “mayor acuerdo petrolero de la historia mundial” suscrito con el interinato termine formando parte de esa colección de anuncios faraónicos que la Casa Blanca está dejando por doquier.
Reputados analistas dudan de su factibilidad.
Hablan de inversiones gigantescas y muchos años antes de conseguir aumentar un poco la producción.
P.
Krugman, por ejemplo, en un lenguaje poco tecnicista describe a las reservas venezolanas como una fantasía negra y pegajosa .
Pero que el acuerdo sea difícilmente realizable no reduce su simbolismo político, al contrario.
Por una parte, muestra hasta qué punto en Venezuela la política ha sido sustituida por la disposición a pagar casi cualquier precio a cambio de un guiño de Washington.
Un requisito que pareciera necesario para aproximarse, alcanzar o preservar el poder.
Por la otra, muestra a Donald Trump al desnudo.
Revela su fantasía de enriquecerse apropiándose de los recursos de otra nación.
Una lógica que Krugman compara con el imperialismo extractivo del siglo XIX.
Pero Trump no inventó la vulnerabilidad de Venezuela, la encontró.
El liderazgo nacional había renunciado bastante antes a la política.
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