Chavismo pasa de la «soberanía petrolera» a defender el control de EE. UU. sobre más del 20 % del crudo venezolano
En el año 2005 después de haber superado un referendo revocatorio, un paro petrolero y un intento de golpe de Estado que lo desalojó del poder por 48 horas, Hugo Chávez anunció su Plan Siembra Petrolera.
Un proyecto ambicioso que buscaba certificar las reservas de crudo del país en la Faja Petrolífera del Orinoco , pero que dejaba a un lado la llamada «Apertura petrolera» impulsada por su predecesor Rafael Caldera.
De las asociaciones estratégicas alcanzadas a mediados de los 90 con grandes petroleras internacionales como Chevron, ExxoMobil y ConocoPhillips, en las que esas petroleras poseían la mayoría accionaria en las empresas constituidas en territorio venezolano, el mandatario pasó a las empresas mixtas en las que Venezuela conservaría el control de esas industrias.
Allí surgieron las primeras disputas internacionales cuando Exxon y Conoco rechazaron la nueva forma de asociarse ante acuerdos ya firmados en la década anterior.
Con el Plan Magna Reserva se comenzaron a certificar las reservas hasta alcanzar los 300 mil millones de barriles de crudo en esa porción que abarca los estados Anzoátegui, Monagas, Delta Amacuro y Guárico que ocupan una extensión de 55 mil 314 kilómetros cuadrados.
La mayoría de las empresas internacionales acordaron mantenerse en el país con las empresas mixtas, entre ellas Chevron, pero también otras como Total, ENI, y países como Vietnam, China, Rusia, Irán, entre otros.
Parlamento chavista respalda acuerdo energético con abstención de un sector de la oposición El show chavista en la Faja Petrolífera Chávez hizo desfilar por la Faja Petrolífera del Orinoco , donde rebautizó los cuatro grandes campos o áreas de explotación como Carabobo, Ayacucho, Junín y Boyacá, a mandatarios aliados.
Así pasaron Lula Da Silva (Brasil), Néstor Kirchner (Argentina) e incluso Mahmud Amadineyad (Irán), con quienes estrechaba lazos geopolíticos y económicos.
Los planes eran aumentar la producción petrolera del país, que como se había prometido con la Apertura Petrolera, consistía en alcanzar los 6 millones de barriles diarios.
Los números proyectados le darían un retorno de inversiones de 200 mil millones de dólares hasta el año 2030.
Pero el papel resistía todo; el conflicto político, corrupción a granel, una crisis eléctrica en 2009 y subsidios como los de Petrocaribe, llevaron a un declive progresivo de la producción que con Maduro se extendió hasta cifras históricas, agravadas a partir de 2019 por las sanciones estadounidenses a la industria petrolera del país.
El chavismo usó el petróleo para reafirmar el concepto de soberanía nacional, reafirmar sus relaciones con regímenes autocráticos como el ruso, el chino y el iraní y alejarse de Estados Unidos, el mercado más accesible y uno de los principales consumidores del mundo.
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