Jonathan Astudillo, con bandera venezolana en la gran final
Hay partidos que comienzan mucho antes del pitazo inicial, se juegan en las canchas del barrio y en esas tardes donde el árbitro aprende a mirar el juego de frente. Allí, entre reclamos, carreras y el calor de la tribuna, se va templando el carácter. Jonathan José Astudillo Rivas conoce bien esa escuela. Quince años con el silbato en la mano le enseñaron que impartir justicia exige criterio cuando todos esperan una decisión. Desde Cariaco, estado Sucre fue construyendo un nombre hasta que llegó la hora de poner ese nombre, y el de Venezuela, sobre un tabloncillo internacional. La oportunidad apareció en la Copa Centenario Internacional de Clubes de Fútbol de Salón, disputada en Barrancabermeja, Colombia, del 7 al 13 de junio de 2022. Allí se dieron cita clubes de Australia, Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela. Para Astudillo no fue simplemente cruzar la frontera, significaba representar a su localidad, al estado y a su país, llevando también el nombre de Venezuela. Él mismo lo define sin rodeos: Es la experiencia más significativa que me ha pasado durante mi carrera. Hay frases que no necesitan adornos cuando vienen de alguien que sabe cuánto cuesta llegar.
En Barrancabermeja dirigió varios encuentros, pero el destino le tenía guardado el partido grande, ya que la noche del 12 de junio recibió un mensaje del coordinador arbitral, donde el mismo le indicaba: Astudillo, descanse que mañana le toca dirigir la final. Así llegó una de esas noticias que aceleran el corazón hasta al más curtido, nunca se lo imaginó, confiesa, pero se mentalizó y salió a cumplir la tarea. La final terminó sin novedades y quedó convertida, según sus palabras, en el juego más importante que he arbitrado en toda mi carrera. Allí no hubo la cancha del barrio, sino tabloncillo internacional, pero el árbitro seguía siendo el mismo, con cabeza fría y personalidad.
También hubo aprendizajes fuera de la jugada, Astudillo encontró diferencias que van más allá de lo que ocurre con el balón de juego, el ambiente del tabloncillo, otras culturas y la necesidad de comunicarse con personas que hablan otras lenguas. Son detalles que obligan a madurar y a observar más, y mientras habla de aquella experiencia, mantiene la mirada sobre Venezuela. Jonathan, considera que nuestro arbitraje ha sido visto como uno de los mejores de Latinoamérica. En Sucre, dice, queda tarea, mucha tarea, se debe actualizar conocimientos, mejorar cada día y fortalecer una actividad que cuenta con pocos árbitros, no se trata de dormirse con lo aprendido, sino de seguir dirigiendo con hambre de mejorar. Por eso, cuando le preguntan qué les diría a los jóvenes que sueñan con llegar lejos, Astudillo no vende atajos. Él recomienda estudiar, leer e interpretar las reglas para luego llevar ese conocimiento a la cancha; y expresa tres palabras que en el deporte pesan más que cualquier credencial, las mismas son: respeto, disciplina y perseverancia. Esa es la ruta que él ha recorrido, desde las canchas cercanas a la gente, hasta una final internacional con la bandera venezolana en el pecho.
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