22 de octubre: el inicio del quiebre del régimen chavista
A lo largo del siglo XXI, en el relato oficial del chavismo persistió la soberbia y la pretensión de eternidad en el poder. Hugo Chávez vociferaba que «llegaban para quedarse por 50 y hasta 100 años por ahora y por siempre»; entretanto, Maduro se vanagloriaba de haber ganado, bajo la sombra del MVR y del PSUV, alrededor de 30 elecciones presidenciales, legislativas, regionales y municipales.
En fin, todos son discursos coincidentes con los delirios de la galería de dictadores de la historia: Hitler se jactaba del milenio del Tercer Reich, Stalin se ufanaba de que la URSS sería el futuro de la humanidad. En tierras latinoamericanas Fidel Castro llegó a proferir que Cuba ya había alcanzado el máximo nivel de las sociedades: el comunismo.
Esa presunción, perfumada por la aureola del poder, no le permitió olfatear a Maduro que el repudio de la población se acrecentaba día a día, ni la cercanía de su final en una cárcel de Nueva York. Luego de su ilegal elección de 2018, fraguada por una Constituyente corporativista y, por tanto, ilegítima e inconstitucional, en el éxtasis de su mandato perpetró toda suerte de tropelías con un descomunal aparato represivo .
El prontuario de su accionar lo describen organismos internacionales de derechos humanos: miles de asesinatos, torturas a los presos políticos, destrucción del resto del aparato productivo, censura atroz de los medios de comunicación e implosión definitiva del sistema de relaciones de trabajo, del salario, de los convenios colectivos y de los sindicatos. Al mismo tiempo, toda esta demolición la disfrazaba con los festejos y bailes de la pareja presidencial, con la puesta en escena de un país en paz donde todo estaba atado y bien atado.
A pesar de las trabas y amenazas del régimen, el resultado evidenció quién lideraba la oposición a la dictadura, al obtener María Corina Machado la victoria con más del 92 % de los votos , aun cuando se presentaron candidaturas de las diferentes formaciones políticas opositoras tradicionales e independientes.
Ese día el pueblo venezolano saldó cuentas con la dictadura y con la clase opositora: desafío al régimen porque eligió de candidata a la mujer más temida por el poder; y a la clase opositora, por su inconsecuencia y capitulación ante las tropelías del chavismo lo largo del siglo XXI. Al no votar por ninguno de los candidatos tradicionales, la decisión popular fue una sanción negativa al accionar opositor bajo los nombres de Coordinadora Democrática (2002), Mesa de la Unidad Democrática (2008), Frente Amplio Venezuela Libre (2018) y Plataforma Unitaria Democrática (2021).
Tras el triunfo de María Corina Machado en las primarias opositoras del 22 de octubre, el régimen de Nicolás Maduro reaccionó de manera brutal, deslegitimando el proceso y arremetiendo contra la candidata : calificó de fraude la votación y la subestimó, aun cuando Machado obtuvo 2 250 000 votos (93 % de los votos), y anunció al mismo tiempo que no la habilitarían para participar en las elecciones presidenciales de 2024.
En definitiva, la decisión popular ya se había consumado a pesar de la desesperación del régimen y de la aceleración de la represión .
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