Más allá de la IA: meteoritos tecnológicos de alto impacto que merodean por fuera del radar
En marzo pasado la Maratón de Los Ángeles tuvo el final más cerrado en la historia de una carrera de este tipo.
Nathan Martin, un profesor suplente y entrenador de atletismo de secundaria en Michigan de 36 años, venía corriendo sin mayores ambiciones hasta que en el último kilómetro sintió que tenía chance real de ganar.
El keniata Michael Kimani Kamau lideraba la carrera por el Santa Monica Boulevard y ya estiraba los brazos festejando, pero Martin lo alcanzó a metros de la meta y lo pasó por el pecho justo antes de la línea.
La diferencia final fue de 0,01 segundos, un margen que solo se pudo confirmar con la foto de llegada.
La imagen funciona bien como metáfora de “la gran aceleración” tecnológica que estamos viendo en 2026, y también como símbolo de cómo un “corredor inesperado” puede acelerar y cambiarlo todo.
En el caso de las tendencias actuales, si bien todo el foco está puesto en los avances de la IA, merodean cerca de la meta otros actores de cambio con menos prensa, fuera del radar, pero que con un sprint final pueden cambiarlo todo.
Aquí aparecen desde la computación cuántica hasta el almacenamiento de información en ADN , pasando todos los nuevos descubrimiento en ciencias de la vida, energías renovables y nucleares; u otros huracanes de transformación no necesariamente tecnológicos, como los cambios demográficos.
“En el diseño de fututos y en la teoría de la prospectiva hay horizontes que son más lejanos en los cuales aparecen mega-tendencias que a priori son más inciertas pero que, si se dan, lo cambian todo”, cuenta a La Nación Ximena Díaz Alarcón, experta en este tema de Youniversal.
“Son horizontes muy interesantes de analizar porque, dado el impacto que involucran, presentan muchísimas amenazas pero también grandes oportunidades”, completa.
Para la argentina Debora Kantt, que lidera en Nueva York la oficina de Strategic Foresight del JP Morgan, una tendencia poco analizada en relación a su impacto potencial es la de la posibilidad de almacenar información en ADN.
Para tener una idea de qué estamos hablando: un gramo de ADN puede en teoría contener hasta 215 mil terabytes, el equivalente a almacenar todo Netflix, todo Youtube y todas las fotos del mundo en un grano de sal .
Suena hoy a ciencia ficción, y lo era todavía mucho más cuando la idea fue planteada por primera vez en 1964 por un físico ruso, Mikhail Neiman, en tres artículos de la revista Radiotehnika.
Era por entonces una hipótesis pura, sin una tecnología que lo respaldara, que “hibernó” durante 25 años.
Hasta que en 1987 Joe Davis, un residente del MIT, codificó una runa germánica que representaba la fertilidad femenina y la insertó en una bacteria de Escherichia Coli.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.