Ricardo Barreda, su escopeta y su permiso para cazar: “Una ráfaga de proyectiles de desconocidos que andaban cerca me pasaron zumbando el balero”
Mucho antes de que matara a escopetazos a su esposa, su suegra y sus hijas en su casa de La Plata y de que la Justicia lo condenara por aquella masacre, Ricardo Barreda ya tenía una historia de varias décadas con las armas .
La había empezado a construir cuando era apenas un niño.
Su padre, Felipe Alberto Barreda , era militar y fue quien le enseñó a defenderse y a manipular pistolas, revólveres y rifles.
Aquella enseñanza, que pudo haber quedado limitada a una cuestión de disciplina familiar, terminó convirtiéndose en una de las grandes aficiones de la vida del futuro odontólogo.
Primero fueron las armas.
Después llegaron las salidas al campo, la caza, la pesca y el tiro.
A los 16 años consiguió su primera escopeta y comenzó a recorrer distintos lugares de la provincia de Buenos Aires acompañado por amigos.
Durante su adolescencia y juventud llegó a cazar de manera furtiva –ilegal- .
Y otras muchas veces se dedicaba a pescar, especialmente en el río Salado.
Con el tiempo, aquella actividad dejó de ser solamente una aventura de adolescente.
Barreda desarrolló una verdadera familiaridad con las armas largas , aprendió a utilizarlas y también concurrió a polígonos de tiro.
Décadas después, cuando ya era conocido por un motivo completamente diferente, hablaría de aquellos años con el periodista y actor Pablo Martí Krenz , quien terminaría siendo uno de sus hombres de mayor confianza y su biógrafo.
Las conversaciones entre ambos permitieron reconstruir una parte de aquella historia que había comenzado mucho antes del domingo en que cuatro integrantes de su familia fueron asesinadas.
Y entre los documentos que Barreda le entregó a Martí Krenz había uno particularmente significativo: un carnet que acreditaba que la relación del odontólogo con la caza había llegado incluso a tener reconocimiento oficial.
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