Maricarmen la la la la la: la jubilada que fue desalojada y se convirtió en un símbolo de lucha por la vivienda
La nueva rebeldía son las señoras .
Peinan canas; caminan con bastón, se desplazan con andador si es necesario (pero quietas jamás), hacen trekking de marcha con bastones de senderismo, van a todas las charlas y presentaciones de libros y dan pelea con una convicción de roble.
Se desplazan con calma, pero no paran y si tienen que tirar pasos no se amilanan, aunque las rodillas crujan y la humedad se sienta en los huesos.
Tienen arrugas en la cara que muestran que los filtros de Instagram no las vuelven complacientes, vendibles o sumisas.
Entre ellas y las más jóvenes hay una ternura clara que potencia la sabiudría histórica y la frescura del futuro.
Juntas son invencibles.
La revolución de las hijas y la de las abuelas se dan la mano para cuidarse mutuamente y devolver la dignidad a una época de agresiones y desasosiego.
Las mujeres +50 son las mayores opositoras a los movimientos reaccionarios.
Por eso es sintomático que el símbolo de la protesta que cambió el rumbo político de España sea una mujer de casi nueve décadas, reconvertida en ícono popular a partir de su fallecimiento.
Maricarmen Abascal tenía 87 años , 50% de discapacidad y problemas de movilidad.
Fue desalojada el 23 de septiembre de la casa donde se había levantado y acostado durante 71 años, en el barrio madrileño de Retiro.
Murió el miércoles 7 de octubre en el Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, después de quince días de internación provocados por el desahucio realizado a la fuerza, con policía y una manifestación que intentó impedirlo.
Salió de su casa en camilla.
Se fue en ambulancia.
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