Dalí, Lorca y Gala: la historia de dos amores que marcaron la vida del genio surrealista
En el verano de 1927, Salvador Dalí y Federico García Lorca disfrutaban juntos de unas vacaciones en Cadaqués .
Tenían poco más de veinte años y todavía estaban lejos de convertirse en los dos nombres inmortales que conocemos.
El paisaje mediterráneo, las conversaciones interminables y aquella intimidad que habían construido durante años parecían pertenecer a un mundo separado del resto.
Pero algo estaba a punto de cambiar.
Lorca quería quedarse.
Al marcharse, el poeta le escribió a Dalí desde Barcelona.
La carta tenía el tono extraño, juguetón y afectuoso que había caracterizado buena parte de su correspondencia.
“ Yo estuve a punto de tirarme del coche para quedarme contigo ”, le confesó.
No era una amistad cualquiera.
Se habían conocido en 1922, en la Residencia de Estudiantes de Madrid, uno de los grandes centros de efervescencia intelectual y artística de la España de la época.
Dalí, un joven catalán, había llegado a la capital para estudiar Bellas Artes y se había instalado allí.
Lorca, un poeta andaluz nacido en la provincia de Granada, ya formaba parte de aquel universo de estudiantes, artistas e intelectuales.
Leé también: María Antonieta y el conde Von Fersen: se conocieron en un baile de máscaras y terminaron separados por una revolución Fue en ese lugar donde sus caminos se cruzaron por primera vez .
También estaba Luis Buñuel y, entre conversaciones interminables, proyectos, excursiones y discusiones sobre arte, literatura y las nuevas vanguardias, comenzaron a construir una relación que pronto desbordaría la amistad convencional.
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