Han Feizi escribió en el siglo III a.C.: “El ser humano actúa por interés propio; esperar virtud espontánea es ingenuo”
Hace más de 2000 años , un filósofo chino reflexionó sobre una pregunta que todavía genera debates: ¿las personas hacen el bien por naturaleza o porque existen reglas que las obligan a hacerlo? Han Feizi , uno de los principales pensadores de la antigua China, desarrolló una visión particularmente pesimista sobre la naturaleza humana .
Para él, confiar únicamente en la bondad espontánea de las personas era una estrategia destinada al fracaso.
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No he sido feliz” Su pensamiento quedó asociado a una idea que puede resumirse así: el ser humano suele actuar buscando su propio beneficio , por lo que una sociedad no debería depender exclusivamente de la virtud individual.
Quién fue Han Feizi Han Feizi vivió durante el período de los Reinos Combatientes, en China, alrededor del siglo III a.C.
Fue un filósofo vinculado a la corriente conocida como legalismo , una escuela de pensamiento que consideraba que las leyes, los castigos y las recompensas eran fundamentales para mantener el orden.
Han Feizi fue uno de los principales representantes del legalismo, una corriente filosófica de la antigua China. (Foto: Imagen ilustrativa generada con IA) A diferencia de otras corrientes filosóficas de la época, que ponían el foco en la educación moral y el comportamiento virtuoso, Han Feizi desconfiaba de la posibilidad de construir una sociedad estable apelando solamente a las buenas intenciones .
Para él, el sistema debía estar preparado para una sociedad en la que las personas persiguen sus propios intereses .
“Esperar virtud espontánea es ingenuo” La idea atribuida a Han Feizi plantea una mirada directa sobre el comportamiento humano: si una persona puede obtener un beneficio actuando en su propio interés, no necesariamente elegirá hacer lo correcto por altruismo .
Por eso, las normas tienen un papel central en su pensamiento.
El filósofo defendía un sistema en el que las personas supieran claramente qué estaba permitido, qué estaba prohibido y cuáles serían las consecuencias de sus acciones .
Las recompensas podían incentivar determinados comportamientos, mientras que los castigos buscaban desalentar otros.
Desde esta perspectiva, no era necesario esperar que todos fueran virtuosos.
Lo importante era construir un sistema capaz de funcionar incluso cuando las personas no actuaran de manera desinteresada .
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