“Durante años pensé que había algo mal en mí, hasta que descubrí la verdad”
¿Qué me está pasando? ¿Me estaré volviendo loca? Después de parir a mi hija se puso en marcha algo dentro mío que no llegaba a entender.
Al principio pensé que sería el parto, las hormonas, el cansancio, la falta de sueño, ese terremoto físico y emocional que significa convertirse en madre.
Pero las semanas pasaban y, junto con la inmensa plenitud que sentía al tenerla conmigo, crecía una angustia difícil de explicar.
La miraba dormir, la tenía en brazos, sentía un amor que nunca había experimentado y, sin embargo, en algún lugar de mí había empezado a crecer una inquietud que parecía venir de mucho más lejos .
No era la primera vez que sentía algo parecido.
Durante mi adolescencia había atravesado años bastante oscuros, dominados por una sensación de sinsentido que algunos psiquiatras diagnosticaron como depresión.
Me dieron medicación y durante un tiempo dejé de sufrir, y también de sentir .
Más bien me sentía anestesiada, como si mirara mi propia vida desde afuera.
Las cosas ya no dolían tanto, pero tampoco me producían demasiada alegría.
Pasé por médicos y terapeutas que intentaron contarme qué me sucedía, pero ninguna de aquellas explicaciones terminaba de tocar algo que yo pudiera reconocer como verdadero.
Ese largo desierto duró hasta que conocí al hombre que después sería mi marido.
Enamorarme fue como volver a la vida y durante un tiempo pensé que todo se había arreglado.
Me sentía elegida, querida, fascinada por él y, sobre todo, correspondida en esa fascinación.
Había algo extraordinario en descubrir que alguien a quien yo quería tanto también quería estar conmigo .
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