“Se nos viene la noche”: la crecida del río Uruguay por El Niño enciende las alarmas en los campos de Corrientes y Entre Ríos
La crecida del río Uruguay, las lluvias persistentes y la falta de drenaje en los campos bajos pusieron en alerta a los productores ganaderos de Corrientes y Entre Ríos, que comenzaron a tomar recaudos para proteger la hacienda ante el riesgo de inundaciones.
Con el agua en ascenso desde Misiones y el impacto del fenómeno de El Niño en la región, crece la incertidumbre sobre la magnitud que puede alcanzar la emergencia en los próximos días.
En Paso de los Libres, el río Uruguay se encuentra en 9,26 metros, por encima de la línea de evacuación, establecida en 8,5 metros.
Aunque el nivel se había mantenido estacionado durante algunos días, volvió a subir y las perspectivas de nuevas crecidas mantienen en vilo a quienes tienen establecimientos en las zonas ribereñas.
“Indudablemente, tenemos para un par de metros más de crecida en los próximos días”, advirtió a LA NACION Marcelo Carbonell, expresidente de la Sociedad Rural de Paso de los Libres e integrante de la Comisión de Infraestructura de la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes (ASRC).
Mike McCloskey, dueño de un tambo de 20.000 vacas Holando: el emprendedor serial que convirtió un problema en un ingreso de miles de dólares El dirigente explicó que el problema no se limita a las tierras ubicadas junto al río.
Cuando el Uruguay alcanza niveles elevados, los ríos y arroyos que desembocan en él pierden capacidad de desagüe.
El agua comienza a acumularse en los cursos internos, desborda y avanza sobre campos bajos que, además, reciben nuevas precipitaciones.
“Empiezan a desbordar todos los arroyos internos y los ríos internos, entonces se empiezan a inundar los campos”, señaló Carbonell.
En esas condiciones, los productores pierden superficie de pastoreo y deben mover los animales hacia sectores más altos.
Quebró uno de los aserraderos productores de pallets más grandes del país La preocupación se extiende porque las lluvias continúan y todavía no llegaron las temperaturas más elevadas del verano, que favorecerían la evaporación del agua.
Mientras tanto, los ganaderos procuran trasladar la hacienda dentro de sus propios establecimientos o hacia campos arrendados, aunque reconocen que todavía no pueden dimensionar cuánto terreno quedará inutilizado.
“Hasta que no empiece a suceder uno tiene la esperanza y no se toma conciencia de la situación”, dijo Carbonell, al recordar que los pronósticos venían anticipando desde hacía meses un escenario complicado.
El temor se alimenta también de los antecedentes.
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