La otra inflación: el costo invisible de comprar a crédito lo más básico
La desaceleración de la inflación sigue en el centro de las principales discusiones de la economía argentina.
El Gobierno la reivindica como uno de los resultados centrales de su programa, mientras que distintos sectores de la oposición y economistas independientes advierten sobre los límites de ese proceso: la baja de la inflación no se tradujo hasta ahora en una recuperación suficiente del poder adquisitivo y el consumo continuó condicionado por la pérdida de ingresos reales.
En ese escenario, el crédito o, mejor dicho, el aumento de la mora de individuos o familias en pagar sus deudas, ocupa desde hace un tiempo un lugar particular.
La expansión de las opciones de financiamiento permitió sostener parte del consumo cuando los ingresos quedaron por debajo del aumento de los precios, pero esa herramienta también perdió capacidad de respuesta a medida que crecieron los saldos de deuda y la mora de los hogares, para quienes el crédito dejó de ser una herramienta para adelantar una compra y pasó a ser un recurso para cubrir gastos corrientes .
Uno de los casos más sensibles de ese problema es el de los alimentos.
Un informe del Instituto Periferias sobre endeudamiento mostró que el 59,8% de las personas consultadas tuvo que pedir plata prestada o endeudarse para comprar comida , un dato que encuentra respaldo en varios informes de ese tipo difundidos recientemente.
El fenómeno también apareció en otros relevamientos, aunque sobre universos diferentes.
Una encuesta realizada por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) entre trabajadores estatales de todo el país mostró que el 87% tenía deudas vigentes y que el 60% recurría al endeudamiento específicamente para comprar alimentos .
El estudio también registró que más de la mitad de los consultados tenía un segundo empleo , otro indicador de las estrategias utilizadas para compensar la insuficiencia de los ingresos.
El segundo trabajo de Periferias , think tank ligado a movimientos sociales, parte de esa situación y agrega una dimensión poco atendida hasta ahora: qué ocurre con el costo de los alimentos cuando la compra debe financiarse .
La respuesta es que el precio que enfrenta el consumidor puede quedar muy por encima del valor que figura en la góndola, porque al precio del producto se suma el costo financiero asociado a la forma de pago.
El planteo no propone un nuevo índice oficial de inflación.
El concepto que usa, de “inflación para endeudados”, busca describir, precisamente, esa diferencia entre el precio del alimento y el desembolso final de quien necesita recurrir al crédito para comprarlo.
El trabajo sostiene que, para ese consumidor, la evolución del precio de los alimentos no puede analizarse únicamente a partir del valor de contado.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.cronista.com — el contenido pertenece a El Cronista.