Alberto Lecchi: “Es más fácil hacer una película que manejar un club de fútbol”
Alberto Olmedo lo vio caminando por la calle Corrientes, frenó el auto, bajó la ventanilla y le gritó: “¡Tocayo!”.
Aunque había compartido rodajes, Alberto Lecchi se sorprendió cuando lo invitó a subir, sin imaginar que terminaría en una larga mesa de la cantina Fechoría junto a Javier Portales y otros actores del momento.
“Era un señor”, recuerda hoy.
La escena parece salida de una película, pero resume bastante bien su propia historia: una vida construida entre rodajes, aprendizajes y encuentros con algunos de los nombres más importantes del cine argentino.
Director y guionista de películas como Perdido por perdido , Nueces para el amor , Apariencias y Sola contigo , y de series como Mujeres asesinas , Epitafios y En terapia , Lecchi entiende el cine como un oficio artesanal.
Pero desde hace algunos años esa experiencia convive con otra pasión igual de intensa: la presidencia del Club Atlético Temperley .
Heredó ese sentimiento de su abuelo y hoy conduce la institución convencido de que dirigir una película y liderar un club tienen muchos puntos en común: ambas tareas exigen escuchar, persuadir, formar equipos y tomar decisiones.
Aunque, aclara, en algunos aspectos sostener una institución deportiva puede ser incluso más complejo que llevar adelante un film.
La conversación, en su oficina en el club, sobre la Avenida 9 de Julio, en Temperley, va y viene entre esos dos mundos.
Habla del cine, teatro y arte, pero también del barrio; de los rodajes, de la política de un club; de las películas que permanecen y de las obras que uno deja cuando se apagan las luces. —Antes de ser uno de los directores y guionistas más reconocidos del cine argentino, atravesó una etapa de búsqueda. ¿Cómo fue ese camino hasta descubrir su lugar en ese arte? —Me recibí en el secundario en 1971 y andaba medio perdido, era un tiempo de búsqueda.
Probé con Ciencias Económicas y Sociología, pero solo en Bellas Artes sentí que algo pasaba.
Expuse cuadros en Lomas de Zamora, donde vivía, y en Victoria, Entre Ríos, por invitación.
Aunque vendí mucho, me frustró que la gente comprara todo excepto las obras que yo más valoraba.
Ahí comprendí que ese camino no era para mí. —La pintura quedaba atrás. ¿El cine, todavía sin proponérselo, ya empezaba a ocupar ese lugar? —En esa época me rateaba para ir al cine y, cuando volvía, les contaba las películas a mis compañeros de escuela.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.