La maestra jardinera que se convirtió en ídola de la cumbia: cómo Gilda pasó de pedir permiso a que le pidieran milagros
¿Quién iba a imaginar que esa pequeña que había llegado al mundo el 11 de octubre de 1961 en el seno de una familia tradicional de Villa Devoto, se iba a consagrar como una artista de la movida tropical para luego terminar siendo considerada una suerte de santa milagrosa? Definitivamente, nadie.
De hecho, en la vida de Miriam Alejandra Bianchi , todo parecía estar encaminado hacia otro lugar.
Podía ser maestra jardinera, como de hecho lo fue.
Y una madre y esposa ejemplar.
Pero parecía imposible que pudiera terminar convirtiéndose en una figura pública.
Y, mucho menos, en un mito popular.
Sin embargo, todo eso empezó a suceder desde el momento en que decidió dejar de lado su nombre real para empezar a llamarse Gilda .
Hija de Omar Eduardo Bianchi , un empleado público, y de Isabel Scioli , una profesora de piano, la niña era la mayor de dos hermanos.
Desde chica, se había mostrado interesada por la música, inspirada en su madre que se pasaba horas tocando su instrumento.
Pero una cosa era ser maestra y otra muy distinta, subirse a un escenario.
Así que cuando Miriam insinuó que quería dedicarse al canto, su familia se opuso terminantemente.
Las presentaciones nocturnas y las giras, estaba claro en sus prejuicios, no eran para una mujer decente como ella.
Para colmo, cuando ella tenía apenas 16 años, su padre sufrió dos ACV.
Y a ella no le quedó más remedio que tomar su lugar en la Dirección Nacional de Rentas para poder llevar ese sueldo a su casa.
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