Reseña. No se apaga. Sueños, de Isabel Vassallo
El quinto poemario de Isabel Vassallo reelabora sueños con la ayuda de recuerdos, “despliegues ficcionales” y “coordenadas de racionalidad”, como se advierte en el prólogo.
“No hay duda de que al traducir el sueño al lenguaje verbal de algún modo se lo interpreta. […] Aquí es la poesía la lengua interpretante”, sostiene la autora, que actualmente integra el grupo de difusión Locus Amoenus.
Del cruce entre ambas lenguas, e incluso “desde la orilla indiscernible” del sueño dentro del sueño, surgieron los poemas escritos en años recientes (uno de ellos alude a la pesadilla colectiva que fue la pandemia).
En los sueños-poemas de Vassallo, la infancia es un diamante, las escenas se vuelven “velos / que esconden lo que el sueño / ha disuelto en sombras” y los encuentros imposibles (ya sea con “muertos amados”, ángeles, sombras o seres mitológicos) se concretan, al igual que las profecías dormidas décadas atrás.
Otra visión distópica cobra forma en “Utopía nocturna (1976)”, donde se ofrecen algunas claves de lectura (recurrentes como algunos sueños): “enigmas / duros como diamantes / pueblan la oscuridad / la alumbran // en sueños somos muchos / somos todos”.
Al enlazar “los gorgoritmos de la sangre” de una endecha con la gracia metafórica de las aliteraciones (“átomo atónito de luz”, “me lleva en el perfume de su vuelo vencida”), y “el dolor de la metamorfosis” con el aura de figuraciones de Botticelli, Magritte o Pasolini, los poemas velan por que no se apague la llama del misterio: “Lumbre que reverbera / torna eterno el instante”.
No se apaga.
Sueños Isabel Vassallo Halley 50 páginas $ 25.000
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.