Un avión que se dio vuelta en el aire y los diálogos desesperados de los pilotos: el trágico vuelo 261 de Alaska Airlines
“Ah, here we go.” (Aquí vamos).
Esas fueron las últimas palabras del capitán Ted Thompson.
Las pronunció a las 16:20:56 del 31 de enero de 2000 , con el McDonnell Douglas MD-83 del vuelo 261 de Alaska Airlines invertido sobre el océano Pacífico, los motores apagados y 88 personas empujadas contra sus asientos por la gravedad al revés.
El agua, abajo.
O arriba.
Ya era difícil saberlo.
Segundos después, el avión impactó a alta velocidad.
No hubo sobrevivientes.
Qué falló y por qué nadie lo detuvo a tiempo Lo que terminó en el Pacífico ese martes por la tarde no empezó con una tormenta ni con un error humano en la cabina.
Empezó años antes, en un hangar de mantenimiento, con una decisión administrativa.
El problema fue alargar los intervalos entre lubricaciones de una pieza de 56 centímetros de largo y menos de cuatro de diámetro.
Una pieza llamada jackscrew (tornillo de gato) que sostenía el control de cabeceo del avión.
Cuando ese tornillo falló a mitad del vuelo, los pilotos pelearon durante más de media hora.
Hicieron casi todo bien.
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