Milei y la batalla por el relato: señales cruzadas y la pelea por sostener la convicción del cambio
Javier Milei cerró una semana en la que casi ningún dato importante vino solo.
La inflación de agosto bajó al 1,7% y volvió a darle al Gobierno una señal potente para sostener que el programa económico avanza en la dirección prevista.
Casi al mismo tiempo, la industria y la construcción retrocedieron y encendieron luces amarillas sobre la actividad y el empleo.
La política ofreció una secuencia parecida: el oficialismo atravesó una sesión compleja en Diputados sin resignar algunos de sus límites fiscales, pero la oposición celebró haberlo obligado a convivir con una agenda que incluye morosidad y discapacidad.
Buenas y malas noticias.
Señales cruzadas.
Ese contraste puede convertirse en una clave del próximo tramo de Milei.
La discusión ya no pasa por demostrar que el cambio era necesario.
El desafío es más político: conseguir que las señales favorables alcancen para preservar la convicción de que el cambio avanza mientras espera que el resto de los indicadores empiece a alinearse.
En el seno del oficialismo predomina una mirada optimista sobre el presente y, sobre todo, sobre el futuro.
La baja de la inflación es el argumento principal.
Milei todavía no ganó esa batalla, pero mostró que puede ganarla.
Para su electorado, ese resultado se convirtió en un activo difícil de subestimar: ofrece una prueba de que algunas de las promesas más audaces del programa pueden transformarse en resultados.
La convicción dominante en la Casa Rosada es que, si el rumbo no se altera, la estabilización terminará trasladándose a salarios, inversión, actividad y empleo.
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