“Nostalgias”: la historia del tango que fue no fue aceptado para el homenaje a Carlos Gardel y que luego se convirtió en un clásico
El desamor, el alcohol y el tango, parecen estar íntimamente relacionados.
Primero llega el desengaño sentimental, ese que hace que hasta el más compadrito se sienta en la necesidad de ahogar sus penas en un bar.
Y después llega la letra que refleja ese momento de dolor y soledad y que, al ritmo del 2 x 4, se termina perpetuando hasta la eternidad.
Esta noche me emborracho , Tomo y obligo o La última copa , son solo algunos ejemplos de piezas que han quedado marcadas en el cancionero popular.
Pero, para muchos, Nostalgias es la que refleja el verdadero sentir de un hombre cuando tiene el corazón roto y busca distracción.
“Quiero emborrachar mi corazón, para apagar un loco amor que más que amor es un sufrir...Y aquí vengo para eso, a borrar antiguos besos en los besos de otras bocas...Si su amor fue flor de un día, ¿por qué causa es siempre mía esa cruel preocupación? Quiero por los dos mi copa alzar, para olvidar mi obstinación y más la vuelvo a recordar", comienza diciendo la letra escrita por Enrique Cadícamo , a la que Juan Carlos Cobián se encargó de ponerle música.
Y la situación es clara: la desilusión que lleva al enamorado a querer evadirse con copas y encuentros fortuitos.
Sin embargo, cuentan que lo que llevó al “poeta del tango” a escribir estas líneas no habría sido una historia real y concreta, como cualquiera podría imaginarse, sino la recopilación de varias anécdotas que llegaron a sus oídos en tantas noches de bohemia.
Y así fue como imaginó a este hombre, que llega supuestamente a un cabaret y busca que los tragos le den el valor suficiente como para refugiarse en los brazos de otras mujeres.
Aunque, de ninguna manera, consigue olvidar a la que lo abandonó.
“Nostalgias, de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración.
Angustia, de sentirme abandonado y pensar que otro a su lado pronto... pronto le hablará de amor...¡Hermano! Yo no quiero rebajarme, ni pedirle, ni llorarle, ni decirle que no puedo más vivir...Desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud", continúa esta pieza estrenada en el mes de noviembre de 1935 en una boite de la calle Florida .
En realidad, aunque muchos lo relacionan a él, Carlos Gardel nunca llegó a cantar este tema.
El Morocho del Abasto murió en un accidente aeronáutico en Medellín, Colombia, el 24 de junio de ese mismo año.
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