Reprimir las emociones: qué efectos puede tener en la salud física y mental, según la ciencia
Reprimir las emociones tiene un costo que el cuerpo registra aunque hacia afuera no se note nada.
Un estudio publicado en Journal of Psychosomatic Research que siguió durante 12 años a una muestra representativa de adultos en Estados Unidos encontró que quienes más suprimían lo que sentían tenían un 35% más de riesgo de morir por cualquier causa y un 70% más de riesgo de morir por cáncer que quienes las suprimían menos.
La supresión emocional —la tendencia a bloquear o inhibir lo que se siente antes de haberlo procesado— no es lo mismo que contener una reacción en un momento inoportuno.
La diferencia entre ambas conductas tiene consecuencias concretas sobre la salud física y mental.
Lo que ocurre en el cuerpo La supresión emocional actúa sobre el sistema nervioso de una manera que no siempre resulta visible.
Un metaanálisis publicado en Health Psychology Review que analizó 24 estudios con poblaciones sanas encontró que las personas a quienes se les indicó suprimir sus emociones durante tareas de estrés en laboratorio mostraron mayor reactividad fisiológica que los grupos de control, con efectos sobre parámetros cardíacos, circulatorios y neuroendocrinos —es decir, sobre el corazón, la presión arterial y las hormonas relacionadas con el estrés—.
La emoción puede dejar de verse, pero no deja de operar.
Ese patrón tiene un correlato cardiovascular documentado.
Una investigación publicada en International Journal of Psychophysiology con 168 participantes de cuatro grupos étnicos distintos encontró que la supresión se asoció con mayor activación simpática —el sistema que prepara al cuerpo para responder ante una amenaza— y con aumentos de presión arterial sistólica y diastólica , sin que los participantes reportaran cambios en su experiencia emocional subjetiva.
El organismo entra en estado de alerta aunque hacia afuera no haya señales visibles de angustia.
Sueño y ansiedad Los efectos no se limitan al sistema cardiovascular.
Un metaanálisis publicado en 2026 en BMC Psychology que sintetizó 23 estudios con más de 13.600 participantes adultos confirmó que la supresión emocional se asocia de forma consistente con peor calidad del sueño , con una correlación que se intensifica en períodos de estrés sostenido.
Quienes habitualmente suprimen sus emociones tienden a reportar mayor tensión al despertar, menos horas de descanso y mayor dificultad para conciliar el sueño.
La relación con la ansiedad también está documentada.
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