“Una que sepamos todos”: el ritual colectivo que ya ganó la noche porteña
Son las once de la noche de un viernes en Paraguay al 300 y un hombre de barba kilométrica y campera blanca con hombreras canta a los gritos el estribillo de Whitney Houston.
Mientras, unas 40 personas le contestan desde las mesas.
El piano está apenas cruzando la puerta de El Legado, contra la vidriera, de modo que es imposible entrar sin toparse con él.
Juan Manuel Fagnano golpea las teclas y canta.
Señala a una mesa y les da órdenes.
Los abandona por unos segundos y gira hacia otro grupo mientras sus manos siguen trabajando en las notas del gran cancionero argentino.
Y rara vez termina una canción: mezcla a Roxette con los Beatles, se va hacia Moris, aterriza en Los Piojos.
Dos mesas largas festejan cumpleaños.
Casi todas son mujeres de más de 30 y son las que sostienen la noche; los hombres y las parejas en primera cita cantan bastante menos.
Pero igual cantan.
Unas 50 cuadras al noroeste, en Federico Lacroze al 3500, la misma noche tiene otra forma.
Son 300 las personas que compraron su entrada por internet y ahora forman un círculo cerrado alrededor de un piano y una batería.
No hay tarima.
Varios grupos de amigos cantan hits de Los Auténticos Decadentes, Julieta Venegas, Calamaro, Shakira, Wos, y hasta aparecen algunas cumbias.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.