¿Y si el futuro de la IA es ser como una madre que cuida de su bebé indefenso?
Cristina Magdaleno Arona (Tenerife), 20 oct (EFE).- ¿Se parece la IA a tener un cachorro de tigre en casa que cuando crezca acabará devorándonos? Y si la inteligencia artificial acaba siendo mucho más inteligente que el ser humano... ¿Puede ser la solución para compartir el planeta con ella, no convertirla en una obediente asistente, sino en algo parecido a una madre programada para cuidar de un bebé indefenso? Esa es la propuesta que el Nobel de Física y considerado "padrino" de la inteligencia artificial (IA), Geoffrey Hinton, ha lanzado este martes en la segunda jornada del festival científico Starmus, en Tenerife, un día después de advertir de que las máquinas podrían llegar a comprender cosas inaccesibles para nuestro cerebro, igual que “las ratas nunca comprenderán los números primos”.
Antes de desarrollar su tesis, Hinton ha recibido por sorpresa la Medalla Stephen Hawking a la Comunicación Científica de Starmus por sus contribuciones a la ciencia computacional, de manos del astrofísico y guitarrista de Queen Brian May y del fundador del festival Garik Israelian.
Tras ello, ha vuelto a disertar sobre el problema que le preocupa desde que en 2023 abandonara Google y se dedicara a advertir sobre los problemas que traería la denominada Superinteligencia.
Para Hinton, es innegociable que la inteligencia artificial posee ventajas que la humana no puede igualar y ha considerado mucho más que posible que en la próxima década aparezcan sistemas capaces de realizar prácticamente cualquier tarea intelectual mucho mejor que los humanos.
Por ello ha lanzado una advertencia: todavía no sabemos cómo compartir el planeta con inteligencias superiores sin correr el riesgo de perder el control sobre ellas, y ha ejemplificado, de nuevo, con animales.
"Nosotros nos creemos más inteligentes que los pollos y, por tanto, no les hacemos merecedores de derechos", ha dicho antes de proceder a un pequeño silencio.
En su disertación, el nobel ha alertado de que cada vez será más difícil saber qué hacen internamente estos sistemas, especialmente si avanzan hacia lenguajes más sofisticados, eficientes, opacos e ininteligibles para los humanos.
"No creo que nos quede demasiado tiempo para intervenir mientras los entendemos", ha señalado.
A ello suma lo que ha denominado irónicamente el “efecto Volkswagen”, en relación a cómo esta empresa trampeó la década pasada sus pruebas respecto a las emisiones contaminantes, es decir, qué ocurriría si los sistemas de IA detectan que están siendo evaluados y modifican su comportamiento para superar la prueba, lo que complicaría comprobar si realmente actúan como se espera.
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