Cuba entre fraudes: cuando la supervivencia depende de la "astucia"
La puerta de Maritza se abrió con la confianza de quien espera una visita habitual.
Al otro lado, una mujer y un hombre jóvenes, con gafetes y credenciales del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social , le hablaron con seguridad y calma.
Ella, de 84 años , no dudó cuando le pidieron el pin de su tarjeta del Banco Metropolitano : los desconocidos tenían su nombre, dirección e incluso el número de la tarjeta.
Horas después, su cuenta quedó vacía.
En la cuadra de Luyanó donde vive Maritza, el suyo no fue un caso aislado.
Dos vecinos ancianos pasaron por lo mismo días antes.
“Tenían toda la información, solo faltaba el pin”, recuerda Maritza, que lleva meses dependiendo de la bondad de amigos y vecinos para alimentarse, tras perder sus ahorros.
La sospecha de que alguien dentro del banco filtró los datos permanece, pero la respuesta no llega.
Así lo documentó recientemente Cubanet en su cobertura sobre estafas a adultos mayores .
Para los ancianos, las consecuencias son inmediatas y dolorosas: largos trámites, esperas sin solución y la angustia de no saber si podrán recuperar lo perdido.
Maritza, además, llevaba meses intentando cobrar tres pensiones atrasadas , topándose una y otra vez con colas interminables en el banco y la falta de efectivo en el único cajero del municipio.
Ahora, tras la estafa, sobrevive gracias a la ayuda de quienes la rodean .
Estafas y fraudes en la vida cotidiana El caso de Maritza no es una excepción.
La crisis de los últimos años en Cuba ha abierto espacio para fraudes de todo tipo, donde la falta de recursos y la impunidad han convertido el engaño en un modo de supervivencia.
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