El Corredor Seco Centroamericano se encuentra bajo fuertes amenazas de sequías y pérdidas agrícolas por El Niño
El Corredor Seco Centroamericano se encuentra entre las zonas más vulnerables de América Latina y el Caribe ante el avance de El Niño, un fenómeno climático que puede provocar sequías, reducir rendimientos agrícolas, afectar la seguridad alimentaria y elevar los precios de los alimentos, según el Banco Mundial.
En el último informe denominado Panorama Económico de América Latina y el Caribe, el organismo advierte que la intensificación de El Niño representa un riesgo adicional para una región que ya enfrenta crecimiento moderado, presiones fiscales, alta informalidad laboral y vulnerabilidades ambientales .
“ El Niño amenaza la actividad económica a través de múltiples canales, desde sequías que afectan la generación hidroeléctrica y la agricultura, hasta episodios de lluvias excesivas ”, señala el informe.
La advertencia es especialmente relevante para los países centroamericanos, donde una parte importante de la población rural depende de cultivos sensibles al clima y de actividades agrícolas de pequeña escala.
El Banco Mundial sostiene que, tras el rápido deterioro de La Niña , la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y agencias meteorológicas internacionales confirmaron que “un poderoso fenómeno de El Niño se está intensificando rápidamente”, con alta probabilidad de alcanzar su punto máximo hacia finales de 2026.
Aunque los efectos no serán uniformes en toda América Latina, el Corredor Seco Centroamericano figura entre las áreas donde las condiciones de sequía podrían golpear la producción agrícola.
El informe también identifica riesgos para los países andinos, mientras que otras zonas de la región podrían sufrir lluvias intensas, inundaciones y daños a la infraestructura.
“ Las condiciones de sequía asociadas con El Niño pueden reducir el rendimiento de los cultivos sensibles al clima, particularmente en los países andinos y el Corredor Seco Centroamericano ”, indica el documento.
A ello se suman posibles interrupciones en redes de transporte rural y dificultades para que los productores lleven sus cosechas a los mercados.
Las consecuencias pueden extenderse más allá del campo.
Menores cosechas y mayores costos de transporte pueden encarecer los alimentos en los mercados internos, con un impacto más duro sobre los hogares de bajos ingresos, que destinan una proporción mayor de su presupuesto a la alimentación.
El Banco Mundial advierte que “incluso las pérdidas moderadas de producción relacionadas con el clima podrían traducirse en aumentos desproporcionados de la inseguridad alimentaria y la malnutrición”.
Estas condiciones, añade, pueden tener efectos duraderos sobre la acumulación de capital humano, en especial entre niños y familias rurales vulnerables.
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