El hombre que pidió ayuda para volver a Bolivia y ver a su hijo antes de morir, y la red que nació a partir de ese último deseo
Víctor tenía 28 años cuando llegó a la Argentina desde Bolivia junto a su madre, Isabel.
Buscaban un tratamiento para el cáncer avanzado que padecía.
Cuando ya no quedaban más posibilidades de curación, el equipo de cuidados paliativos del Hospital de Moreno los puso en contacto con el grupo de voluntarios de AMAH .
Ese acompañamiento comenzó por teléfono, en junio de 2020, en plena pandemia, y poco después los voluntarios conocieron a madre e hijo.
Víctor quería volver a Bolivia, reencontrarse con su pequeño hijo y pasar junto a su familia el tiempo que le quedaba.
AMAH consiguió los pasajes y lo acompañó al aeropuerto, pero el vuelo fue cancelado.
Víctor e Isabel no tenían a dónde ir, entonces pasaron la noche en la casa de un matrimonio voluntario que les ofreció un lugar.
Al día siguiente pudieron viajar.
Durante el tiempo de charlas diarias, Víctor habló de lo que estaba viviendo y dijo algo que quedó grabado en quienes lo acompañaban: “Me sané espiritualmente”.
No hablaba de una curación física, sino de haberse reconciliado con Dios, de sentirse en paz con lo que estaba viviendo y de lo que estaba por venir.
Meses después murió en Bolivia, junto a su mamá y a su hijo.
Aquella experiencia se convirtió en el comienzo de AMAH como hospice .
Hoy la asociación acompaña a personas vulnerables con enfermedades avanzadas y a sus familias en sus casas, en hospitales y por teléfono.
Las ayuda a atravesar el tramo final de la vida.
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