El fútbol y la promoción de las casas de apuestas
El pasado 9 de septiembre, el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) publicó un informe sobre los riesgos de lavado de activos asociados a los juegos de azar y las apuestas.
El organismo internacional advirtió que la creciente digitalización y expansión de estas actividades ha generado nuevas oportunidades para su utilización con fines criminales y señaló, entre otras modalidades, el uso de plataformas para mover fondos sin siquiera apostar, el fraccionamiento de operaciones para eludir controles y la realización de apuestas coordinadas sobre competiciones bajo sospecha de manipulación.
Hay una tensión que, a esta altura, resulta imposible de disimular en el seno de los clubes del fútbol argentino.
El 33% de los equipos que disputan la Liga de primera división llevan como patrocinante principal a casas de apuestas .
No deja de ser una particular paradoja, si se recuerda que esos clubes están constituidos jurídicamente como asociaciones civiles sin fines de lucro, es decir, como entidades cuyo objeto, por mandato legal, no puede ser contrario al interés general o al bien común y que, en el caso particular de nuestros clubes, cumplen además una histórica función deportiva, social y formativa.
En Brasil, el porcentaje alcanzaba en septiembre el 75% de los equipos de su primera división.
Esta extendida presencia de empresas de apuestas recibió una reciente respuesta política del presidente Lula, quien, pese a la oposición de los clubes, dispuso la prohibición de su publicidad y patrocinio en el ámbito del fútbol.
Resulta difícil de ocultar el daño que la adicción al juego provoca en la comunidad en la que estas asociaciones se insertan y, especialmente en los últimos años, su creciente impacto sobre niños, niñas y adolescentes.
La irrupción de las apuestas digitales terminó de eliminar casi todas las barreras de acceso, permitiendo que un casino entre cómodamente en donde quepa el teléfono celular .
En ese contexto, es oprobioso colocar en el pecho de los principales referentes de esas asociaciones civiles, sus futbolistas profesionales, que hoy marcan una tendencia e influencia pocas veces vista, el nombre de una casa de apuestas, atravesando incluso los colores de la institución y con dimensiones tipográficas mayores que las del propio escudo.
Así, las dirigencias de las asociaciones civiles permiten que el enorme poder simbólico del club y de sus ídolos sea puesto al servicio de la promoción de una actividad que, aunque legal, puede producir efectos que entran en abierta contradicción con la función social que constituye la propia razón de ser de esas instituciones .
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