Setenta veces siete: la deuda que hoy estrangula a nuestras familias
El Evangelio de esta semana nos regala una de las parábolas más económicas que pronunció Jesús.
Pedro pregunta cuántas veces hay que perdonar; la respuesta —setenta veces siete— no es un número, es un horizonte sin límite.
Y para explicarlo, el Maestro elige una escena de deudas: un rey le perdona a su siervo una suma imposible, diez mil talentos, una fortuna que jamás podría saldar.
Pero ese mismo siervo, apenas perdonado, sale a la calle, encuentra a un compañero que le debe una miseria —cien denarios— y lo toma del cuello para exigirle hasta el último peso.
Veinte siglos después, la parábola se lee como una crónica de la Argentina de hoy.
Porque en nuestro país hay millones de familias que son ese compañero al que se aprieta del cuello por una deuda pequeña .
Los números del Banco Central lo confirman con crudeza: la morosidad de los hogares trepó al 12,6% en mayo, el nivel más alto desde el final de la convertibilidad, con una suba de más de ocho puntos en apenas un año .
El servicio de la deuda ya devora cerca de una cuarta parte del ingreso familiar : uno de cada cuatro pesos se va en la cuota, y no en la mesa.
Y el dato que más debería conmovernos es que buena parte de esa deuda con tarjeta se contrajo, sencillamente, para comprar alimentos .
Que quede claro, entonces, de qué hablamos.
Nuestras familias no se endeudaron por imprudencia ni por consumo desmedido.
Se endeudaron para comer, para no caer, para sostener lo mínimo mientras el salario real quedaba clavado en los niveles de hace tres años.
El crédito no fue un lujo: fue el parche con el que taparon lo que el sueldo ya no alcanzaba a cubrir .
La parábola no condena la deuda.
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