Los 6 meses de García Lorca en Buenos Aires: historias en una ciudad que amó
En el barrio de Caballito, una calle recuerda una visita histórica, la de una voz que 90 años después de haber sido silenciada por una brigada franquista durante el comienzo de la guerra civil española, se mantiene viva: la de Federico García Lorca .
Y es que el poeta y autor teatral español, que dejó piezas como Romancero gitano y Poeta en Nueva York , reeditadas una y otras vez, o piezas como célebre trilogía rural: Bodas de sangre , Yerma y La casa de Bernarda Alba , que en cada reposición llenan las salas, tuvo un no tan fugaz amor con la Ciudad de Buenos Aires, a la que llegó el 13 de octubre de 1933, en lo que iba a ser una visita breve, pero se extendió por seis meses, hasta el 27 de marzo del ‘34.
Eran años de conflictividad política, de violencia policial, en medio de la Década Infame, que había comenzado con el golpe de Estado de José Félix Uriburu al presidente Hipólito Yrigoyen y que se mantuvo hasta 1943 , la llamada “Revolución del 43″ , otro golpe de Estado, todos años en el que las elecciones eran sostenidas por el fraude sistemático, la corrupción habitó cada rincón de la gestión pública y se proscribió a la oposición política.
Durante ese tiempo, su hogar fue la habitación 704 del Hotel Castelar, sobre la Avenida de Mayo, a unos 100 metros del Teatro Avenida, donde Lola Membrives representaba Bodas de sangre .
Frente al hotel, que cerró sus puertas durante la pandemia, se conserva una placa en recuerdo de su paso.
Lorca llegó a bordo del Conte Grande en la madrugada del 13 de octubre.
Era su tercer viaje a América, aunque el primero al Río de la Plata, después de su paso por Cuba y Nueva York, y si bien había llegado con la idea de irse rápido, tras dar algunas conferencias, acompañar el reestreno de Bodas de sangre - que llegó hasta las 150 representaciones, lo que le reportó unos ingresos que le permitieron por primera vez su independencia económica- y el estreno americano de La zapatera prodigiosa , no pudo resistir la fascinación por una metrópolis que poseía una riquísima oferta cultural y donde, hay que decirlo, fue recibido con brazos abiertos.
El recibimiento en el puerto fue, según su biógrafo Ian Gibson en Federico García Lorca.
Vida, pasión y muerte , triunfal: lo esperaban periodistas, fotógrafos, representantes culturales, amigos y personas de Fuente Vaqueros, su pueblo natal.
Asombrado por esa recepción, Lorca le dijo a su madre: “Me tratan como a un ministro”.
Y agregaba: “Estoy abrumado por la cantidad de agasajos y distinciones que estoy recibiendo, deslumbrado por tanto jaleo.
Aquí tengo la fama de un toreo”.
Desde el día siguiente a su llegada, su figura ocupó diarios, radios y revistas.
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