Los Leones, en la cima del mundo y contra todos los pronósticos: a 10 años de la gloria olímpica en Río 2016
A 16 segundos del final, Agustín Mazzilli robó una pelota y enfiló derecho al gol.
Se encontró sin marcas, se metió dentro del arco rival para asegurar el cuarto tanto y reaccionó sentándose de inmediato en la tabla de madera.
La escena posterior quedó grabada para siempre en la memoria del hockey sobre césped argentino: se le acercó Manuel Brunet quien, casi como si disfrutaran de una distendida charla de café, le susurró al oído a su compañero: “Ya somos campeones olímpicos”.
En un pestañeo, ya en plena euforia, la escena del festejo se completó con las llegadas de Isidoro Ibarra, Juan Saladino y Facundo Callioni , que se apiñaron debajo de los tres palos para conformar la postal definitiva de un equipo que, contra todo pronóstico, había alcanzado la cima del mundo.
Increíble, pero real : los Leones habían superado a Bélgica por 4 a 2 para atrapar el oro olímpico por primera vez en la historia.
“¡Los pibes son de oooro! // ¡Los pibes son de oooro!”, se escuchó en el acto de cierre del podio de Río 2016.
Los Leones y la hinchada albiceleste, entre familiares y amigos, empezaron a señalarse unos a otros con el dedo índice, euforia pura, en un contagio emocional que todavía puede recordarse a 10 años de la gran gesta.
La electricidad recorrió aquel día en el estadio Deodoro, tierra fértil para una conquista suprema, de esas que marcan época.
Había una enorme razón para celebrar, en un capítulo que se incorporó automáticamente al Olimpo del deporte argentino.
Una década después, la distancia temporal dimensiona con mayor nitidez el valor de la proeza.
No fue un resultado aislado, sino el punto de inflexión de un proceso de trabajo que comenzó a gestarse 16 años antes , tras aquel subcampeonato mundial juvenil en Hobart 2001.
Aquella generación de talentos, combinada con la maduración de las camadas posteriores, logró finalmente lo que parecía un imposible: superar escollos deportivos y de infraestructura que asomaban insalvables, los que durante años habían relegado a los varones a un segundo plano, siempre a la sombra de la estela brillante dejada por las Leonas.
Argentina no llegaba a Río 2016 como el candidato natural al título en el siempre parejo y ultracompetitivo hockey masculino.
Pero el equipo contaba con una estructura interna sumamente sólida.
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