Todas las vidas caben en una sola
Mi hija mayor, que está viviendo en España, vino a Buenos Aires a hacer algunos trámites.
Me encanta tenerla de vuelta en casa.
En el trato cotidiano, en conversaciones espontáneas que muchas veces no pasan de temas triviales, vuelvo a sentir esa cercanía que por suerte nunca perdí, aunque ahora se da de otro modo, cara a cara, sin necesidad de llenar con la imaginación los vacíos que suelen dejar las charlas telefónicas a distancia, en nuestro caso, de un lado del Atlántico al otro.
Cuando quiero darme cuenta, a los pocos días su presencia en casa se ha vuelto tan natural que es como si nunca se hubiera ido, primero a vivir su independencia en una casita que alquiló junto a una amiga, y después al encuentro de su experiencia europea junto a su pareja, en una ciudad cercana a Barcelona.
Ya no tengo que llevarla al colegio en mañanas inhóspitas ni buscarla en la madrugada a fiestas que empiezan después de medianoche y terminan cuando el primer sol hiere los ojos.
Tampoco hacerle el jugo de naranja en el desayuno.
Es una adulta, tiene su vida, y eso lo cambia todo.
Esta casa a la que ha vuelto por unas semanas es la misma en la que creció, pero también es otra, y hasta sus padres son otros .
Acaso por eso anda por ahí recolectando objetos o libros de su infancia y adolescencia que se llevará consigo cuando se vaya, como el arqueólogo que rescata y limpia las reliquias que desentierra, memoria de otro tiempo que no quiere perder.
Anteayer me pidió libros sobre mitología para un trabajo que tiene que escribir por estos días.
El primero que se me ocurrió fue un libro de Joseph Campbell en diálogo con Bill Moyers , El poder del mito , que compré y leí al poco tiempo de haberme casado, a mediados de los años 90, incluso compartiendo la lectura de algunos tramos con mi mujer.
Al abrir las páginas de un libro que durmió en un estante durante muchos años puede caer alguna cosa, una carta, una receta médica, un boleto de tren, una flor seca, algo que por alguna razón dejamos ahí sin mucha conciencia de ello y después olvidamos.
Cuando mi hija abrió el libro de Campbell y empezó a hojearlo, cayó una foto.
Me reconocí enseguida, aunque había olvidado esa foto por completo.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.