La Argentina, ante la primacía de la geopolítica
El anuncio del presidente de Estados Unidos del “mayor acuerdo petrolero de la historia” , a propósito del entendimiento por el que 17 yacimientos petroleros de Venezuela que representan el 21% de las reservas del país pasan a estar bajo control mayoritario estadounidense, tuvo todos los condimentos del estilo Trump.
Exaltación de su liderazgo, inflamación conceptual, grandes titulares y pocos detalles concretos y verificables sobre la instrumentación.
Sin embargo, la dinámica expuesta hasta el momento por los actores involucrados alcanza para reafirmar que estamos en un mundo en el que la geopolítica se impone .
Cualquiera que pretenda pensar estratégicamente el presente y el futuro, tanto de la política como de los negocios, deberá ponderar especialmente el peso que adquieren los intereses de los estados nacionales , que hoy se reproducen en los mismos escenarios en los que otrora primaban, casi con exclusividad, los intereses más puros de los capitales privados.
La ilusión globalizadora que alguna vez nos hizo pensar en trascender las tensiones interestatales por medio de la expansión virtuosa del comercio internacional, las inversiones y el multilateralismo agotó su energía vital hace ya casi dos décadas , con la explosión de la gran crisis financiera.
Si antes imperaba un análisis de costos y ventajas comparativas a la hora de decidir la localización de una inversión, el acceso a la energía, el control de una tecnología o la seguridad de una ruta marítima, la evaluación actual reconoce cuestiones mucho más críticas y, en general, elementales.
Adquieren relevancia las alianzas , las vulnerabilidades, la capacidad de disuasión y el grado de autonomía que conserva cada país .
En Argentina, cada vez que se nos presenta la oportunidad, elegimos correr el eje de la discusión internacional y volver pronto a refugiarnos en nuestros temas más conocidos.
No es que este déficit empiece y termine solo con las acciones del Gobierno, sino que el vacío es mucho más amplio.
Ni la oposición, el sector privado, los medios y la academia han logrado alimentar un debate serio y multidisciplinario , proporcional a la magnitud del cambio y del desafío que enfrentamos.
A menudo se narran conflictos, cumbres y eventos episódicos como si fueran antologías para fines de entretenimiento.
No obstante, rara vez se conectan con las capacidades que el país necesita para proteger sus recursos, reducir vulnerabilidades, transformar las fragilidades en fortalezas e impulsar el desarrollo.
Más importante y profundo, antes que alineamientos personales o ideológicos pasajeros, es contar con un plan estratégico .
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